Almer Soto Jun 19, 2018 - 11:46:02 am

Crónicas del Mundial: El día en el que México venció a Alemania

“El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre gana Alemania”, es la frase común en el balompié, sin embargo el 17 de junio de 2018 quedará marcado en la historia, la misma que fue escrita por 11 guerreros mexicanos.

El escenario, la hermosa ciudad de Moscú con un gusto exquisito de monumentos, parques y zonas residenciales con preciosos jardines. El estadio otra joya, nada más y nada menos que el Complejo Olímpico Luzhnikí, donde 78,011 personas fueron testigos de la hazaña histórica de México contra del campeón defensor Alemania, país al que nunca se le había vencido en una justa mundialistas.

Los antecedentes eran contundentes, derrota escandalosa 6-0 en fase de grupos en Argentina 1978, empate 0-0 en México 86, cayendo después en penales en cuartos de final, y el doloroso descalabro en Francia 1998 cuando Alemania liquidó a los mexicanos con dos goles en cuestión de minutos para eliminarlo en octavos de final, no sin antes recordar el 4-1 en Copa Confederaciones en el propio suelo ruso. Sin embargo una página en blanco estaba lista para escribir historia…

El ambiente previo a la batalla al menos en las calles de la capital rusa ya lucía desigual, miles de mexicanos comenzaron a inundar las calles aledañas al estadio con sus particulares vestimentas, alegría desmedida, cantos muy originales, y el “cielito lindo” que se podría considerar ya como un segundo himno para los aztecas.

Por otro lado los pocos aficionados rusos tomaron un bando rápidamente, apoyando al equipo tricolor involucrándose incluso en estilo peculiar del mexicano, dejándose pintar sus rostros con la bandera tricolor, algo inusual ante el estilo serio y frio de los europeos, mismos que se unieron a la fiesta alegremente a pesar de los distintos idiomas, una muestra más que el futbol rompe barreras.

No faltaron los mariachis, los guerreros aztecas, el chapulín colorado a montón, las chinas poblanas, el típico sombrero - mismo que fascinó a los amantes de vodka, aunque ahora los rusos optarán por el tequila – la tradicional playera en color verde aquella que inundaba las tribunas imponiéndose a la casaca del tetracampeón del mundo.

Justo a las 6:00 p.m. hora local llegó el momento de la verdad, desde el himno nacional que retumbó en el Estadio Luzhnikí daba la sensación que México ya ganaba el encuentro en las tribunas, incluso los propios extranjeros veían atónitos la marea verde, no tardando mucho en elegir un bando.

El propio ambiente a favor del “Tri” que imponía a extranjeros, rápidamente se plasmó dentro del terreno de juego, con los 11 jugadores mexicanos confiados u orgullosos de representar no solamente a los miles de fanáticos presentes en el recinto, también a aquellos que en diversas partes del país sintonizaban el duelo muy temprano la mañana del domingo para apoyar a su selección.

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Desde el primer minuto eran palpables las diversas emociones que solamente el balompié puede producir. A la vez el conjunto mexicano desde el primer minuto generaba peligro en el arco de Manuel Neuer, instantes después Alemania respondió con un disparo de Timo Werner que pasó a un costado del poste ante la mirada de Guillermo Ochoa, lo que vaticinaba un encuentro de ida y vuelta al menos en los primeros 45 minutos.

Los dirigidos por el colombiano Juan Carlos Osorio mostraban un juego vertical y rápido, algo poco visto en ediciones pasadas, un exquisito juego que sorprendió a los teutones, quienes solamente en los pies de Mesut Özil y chispazos de Joshua Kimmich intentaban contrarrestar a su rival.

Por su parte Héctor Herrera fue un guerrero en el terreno del juego, junto al jugador del Porto, el capitán Andrés Guardado neutralizaron al reciente campeón de Champions League, Toni Kroos junto a un desaparecido Sami Khedira al grado de ser sustituido en el encuentro.

México mostró osadía durante gran parte del encuentro, sin miedo ni respeto ante un grande de tal deporte. Mientras tanto en la tribuna la afición no dejaba de alentar, esperando gritar la palabra sagrada del futbol, mismo que llegaría al minuto 35 con un contragolpe explosivo tras la recuperación de Herrera pasando por los pies de Héctor Moreno, Guardado y Javier “Chicharito” Hernández con una excelsa pared para después habilitar a la nueva joya del tricolor, Hirving “Chucky” Lozano, mismo que tras recibir el balón recortó a Özil y con un disparó certero venció la estirada Neuer para desatar uno de los momentos icónicos en los Mundiales.

El “Gol” se escuchó de Rusia hasta México, el estadio se volcó en un mar de emociones en cuestión de segundos, la cerveza saltaba por todos lados, desconocidos se abrazaban entre sí, las banderas ondeaban una bella estampa, algunos hasta derramaron lágrimas.

Los alemanes por su parte no lo podían creer, buscaban reaccionar de manera inmediata tal como lo suelen hacer, sin embargo era momento de otro héroe nacional, el guardameta “Memo” Ochoa con una impresiónate atajada junto al travesaño le negó el empate a Toni Kroos.

El primer tiempo había finalizado, el cuento de hadas se estaba cumpliendo, los mexicanos con la cabeza en alto abandonaban el terreno de juego, los campeones aún lucían sacudidos después de una verdadera exhibición de buen futbol por parte de los verdes.

La segunda parte predecía aún más emociones, demasiados nervios en la tribuna ante un cuadro alemán que salió dispuesto a todo por marcar un tanto. Los ataques llegaban uno tras otro, pero Ochoa siempre tuvo oposición. El bloque defensivo de México se acrecentaba al paso de los minutos, mientras tanto el corazón el espectador estaba a punto de salir del pecho.

Los aficionados exhalaban a cada momento, sobre todo ante la chilena de Kimich que pasó a centímetros de la portería. El enfrentamiento llegaba a su etapa final eran cuestión de segundos para el resultado soñado… Ochoa seguía atajando, Rafael Márquez ingresaba –su quinto Mundial - para contener a los desbordados alemanes, que ya desesperados lanzaban balones esperando un remate. En el último suspiro Mario Gómez falló la oportunidad más clara de la parte complementaria, era definitivo que este día estaba destinado para México y que le balón no perforaría la redes mexicanas.

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Se agregaron tres minutos, los más eternos para los fanáticos quienes suplicaban el final, todo el público estaba de pie, algunos a punto del ataque cardíaco. Los mexicanos resistieron la furibunda reacción de Alemania ante el silbatazo del árbitro.

Posteriormente todo fue júbilo, la explosión de alegría contagió a la mayor parte de recinto, un abrazo general se suscitó, saltos, gritos, objetos lanzados por todos lados, fue un sentimiento único.

Así llegaba el primer triunfo en la historia de los Mundiales para México ante Alemania. Cada uno de los jugadores fue y agradeció a los miles de seguidores, Javier Hernández como muchos de los presentes rompieron en llanto.

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Pero no todo terminó ahí, era momento de celebrar y si de algo saben los mexicanos es orquestar dicha acción.

Desde el estadio fueron saliendo poco a poco entonando porras muy creativas, incluso alabando al técnico actual. Rápidamente los mexicanos se trasladaron a un lugar icónico de Moscú, la mismísima Plaza Roja para reclamarla como suya.

Esa noche Moscú era de México, los fanáticos tomaron las calles, la fiesta sería larga y los rusos estaban más que invitados, aunque no solamente fueron ellos, se unieron los latinoamericanos, asiáticos, africanos y demás países que conforman la Copa del Mundo, fue una unión sin precedentes.

El festejo no tenía fin, ni el amanecer temprano – las noches suelen ser cortas en Rusia- ni el cansancio fue limitante. Los mexicanos cantaron hasta quedarse sin aliento, lo tenían más que merecido, este día quedaría marcado siempre en los corazones de todos ellos, una hazaña sin igual, un momento épico para una nación que merece todos los honores ante la poética demostración desde sus jugadores hasta su propia gente.

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