ManuelTNT Dic 3, 2016 - 5:08:21 pm

Religiones políticas: observaciones sobre la izquierda, los progres y los problemas del siglo XXI

Manuel Espino Fernández

"La verdad es tan poco modesta como la luz, ¿para quién debe de serlo? ¿Para sí misma? Verum index sui et falsi. Al contrario, para la falsedad". Karl Marx

En memoria de Vargas y a los Tabacos Libertarios


Para hablar de religión política hay que hacer una diferencia histórica. Hubo un momento en el que el concepto de religión política fue entendido como algo divino que señalaba a determinados hombres para ser los elegidos, los monarcas y los reyes, los representantes de Dios en la tierra. Donde algo divino le daba el poder a un hombre sobre los demás hombres. Sin embargo, ese es uno de los modos de entender el concepto, el otro, que es el que nos interesa, es más actual y más propio de la modernidad, específicamente del siglo pasado. Estamos hablando de la religión política entorno a los movimientos ideológicos del siglo XX. En donde los hombres le daban el poder divino a un hombre para que éste lo ejerciera sobre los demás.

Alrededor de las ideologías políticas más importantes del siglo pasado -tanto del nazismo como del comunismo- giraron muchas prácticas que tuvieron que ver con la práctica religiosa.

Existía el sumo representante, encarnado en los dictadores en turno y quienes guiaban a sus fieles cambiando las reglas y líneas políticas del movimiento según los intereses y conflictos del momento y cuyos designios eran incuestionables pues su propia grey los había elevado en superhombres, en superseres cuasidivinos y perfectos mediante el “culto a la personalidad”, puesto que en ellos residía el mandato de la dialéctica histórica, especie de Espíritu Santo representado por la Historia. Para comprender esto hay que tomar a consideración que con la modernidad desaparece Dios como supremo juzgador del hombre. Por tal motivo el hombre de la modernidad tendrá que hacerse cargo de sí mismo y la Historia tomará el importantísimo papel de nuevo Dios. Por tal motivo, el que escriba la Historia, será lo más cercano a un nuevo Dios.

No es casualidad la importancia que los nuevos protodictadores y hombres de Estado del siglo XX le van a dar a la Historia, desde el nazi Adolf Hitler hasta el comunista Fidel Castro. ¿O no es verdad que en sus respectivos relatos defensivos ante los tribunales que les juzgaban por los intentos de golpes de Estado, estos personajes le dieron una importancia al papel de la Historia como una entidad capaz de emitir un Juicio Final? Me permito reproducir aquí la defensa de ambos:

“Ustedes nos pueden declarar culpables mil veces. Pero la Diosa del Tribunal Eterno de la Historia sonreirá y hará pedazos la acusación del fiscal y la sentencia del Tribunal... ¡Ella nos absolverá!” Adolf Hitler, acusado de intento de golpe de Estado, junio 1924.

“Condenadme, no importa: ¡La Historia me absolverá!” Fidel Castro, acusado de intento de la toma del cuartel Moncada y el posterior golpe de Estado, octubre 1953.

Otro de los participantes más necesarios dentro de toda esta dinámica de religiones son los fieles. Las personas que están más que dispuestas a subordinar su juicio individual ético y moral a las indicaciones éticas y morales del líder que, tomando la figura de un Dios terrenal omnipotente y omnipresente, les promete a todos el paraíso mesiánico a precio de obedecer, de sacrificar, de dar la vida si es necesario, de defender los fundamentos de su creencia con disciplina férrea. “Todo podrá parecer un infierno al principio, camaradas, ¿pero no es necesario un sacrificio enorme para una recompensa enorme?, ¿acaso no es necesario sufrir para merecer?” Tal vez no hay mejor manera de ilustrar este problema y esta castración, este asesinato jurídico y moral, esta producción en masa de muertos vivientes, que la que ha hecho el régimen castrista al propio pueblo cubano. Todavía hoy, después de que Castro –el gran emisario y patriarca de la revolución cubana- ha fallecido, muchos cubanos (afortunadamente no todos) siguen esperando que, un día de estos, llegue la abundancia de la revolución.

Dentro del mundo de la creencia: toda bondad necesita maldad para justificar su existencia. Por tal motivo aparecen los ángeles, los buenos, los iguales, los fieles. Pero también aparecen los diablos, los malos, los diferentes, los infieles, estas últimas entidades que imposibilitan la construcción del paraíso terrenal. En el mundo nazi los ángeles serán los arios y los demonios serán los judíos, en el mundo comunista los ángeles serán los proletarios y los demonios serán los burgueses. Y como en todo el mundo existen clases sociales y diferencias raciales, es preciso eliminar a todas esas clases caducas y a todas esas razas enfermas de todo el ancho mundo para, ahora sí, conseguir el mundo perfecto, la utopía, el paraíso terrenal.

Sobra decir, pero es muy necesario hacerlo, que para creer en la posibilidad de todo lo anterior se requiere de mucha, muchísima, fe. Por tal motivo la teoría marxista y los fundamentos del racismo son necesarios al mismo tiempo que intocables y no criticables. Quien vaya estorbando en el camino y quien se atreva a discutir o tratar de cambiar esas ideas (siempre y cuando no sea el dirigente, la voz de Dios/Destino Histórico) es sospechoso y, en determinados casos, se vuelve necesario exterminarlos. En parte así nacen las purgas, así nacen los campos de exterminio y de trabajo forzado tanto en la Alemania nazi como en la Unión Soviética. Es ahí en donde se extermina a los impuros y se “reeduca” a los contrarrevolucionarios infieles.

¿Por qué la necesidad de explicar todo esto? Porque los tiempos de cambios y crisis que vivimos se prestan para todo tipo de charlatanerías, de engaños a las masas gracias a la desesperación. Además, es importante recalcar que los grupos progresistas, consciente o inconscientemente, son herederos directos de esta dinámica política en donde: o estás conmigo o estás contra mí, o eres ángel o eres diablo. Es nomás ver cómo reaccionan los grupos progresistas ante las observaciones críticas a sus fundamentos, ante al deshecho de sus propuestas en orden de elegir otras, ante el descreimiento respecto a sus dioses y santos, etc. Por no estar de acuerdo se puede llegar a ser calificado de enemigo. Incluso se llega a pensar que el rechazo a estas ideas denota falta de inteligencia y de experiencia política.

La cuestión aquí es que estos modos de proceder tan cerrados son muy poco prácticos en sociedades que día con día se abren a la democratización de más espacios políticos. Los practicantes de estas ideas no han comprendido ni dejado de creer en que la sociedad se debe de adaptar a las necesidades de sus credos y prácticas, y no en que sus credos y prácticas -si es que de verdad desean que sobrevivan- se deben de poner al servicio de la sociedad. Para esto, primero que nada es necesario poner todo a revisión, desechando los errores y dogmas tan contrastables al revisar la historia del siglo XX. La falta de reconocimiento de los errores y el desprecio al ejercicio crítico y autocrítico seguirá condenando al fracaso tanto a las posturas como a sus practicantes que creen que están aquí en la tierra para tomar el poder, imponer su verdad y escribir y reescribir la Historia (al modo stalinista) cuántas veces sea necesario con tal de quedar absuelto, bien absuelto.




P.d. Karl Marx, el hombre, cuando conoció a los marxistas de su tiempo lo primero que hizo fue escribirle una carta a F. Engels para decirle que él no era marxista. No creo que esto haya sido una coincidencia. Marx, a pesar de la crítica a la burguesía, fue un profundo conocedor y reconocedor de la misma. A pesar de no estar de acuerdo con filósofos anteriores, Marx los reconoció con el mayor de los respetos. Entendía la importancia de su legado y la importancia de adoptar este en el devenir histórico. Del mismo modo, respetó y atendió de manera crítica a los pensadores de su tiempo. Marx tenía claro que su trabajo era una teoría y no un dogma ni una verdad absoluta, Marx tenía claro que al apelar al conocimiento científico, lo único que se podían ofrecer eran teorías incompletas y más preguntas que respuestas. En otras palabras: Marx no dejó formulas ni soluciones a los problemas de su tiempo, el siglo XIX, menos a los problemas del siglo XX y XXI. Los marxista, de antes y de ahora, se han dedicado a desprestigiar el pensamiento filosófico anterior a Marx en el entendido de que, como son anteriores a Marx, pertenecen a la prehistoria (dentro de la jerga marxista). Al mismo tiempo han despreciado a sus contemporáneos porque no parten de Marx (aunque en muchas cuestiones tengan coincidencias, especialmente en la enajenación y alienación del hombre) acusando a todo lo demás como pequeñoburgués, burgués o reaccionario. Hoy por hoy existen proyectos de personas que apuestan más por lo pragmático y por las necesidades inmediatas de la sociedad. Mientras se sigan ridiculizando y denostando todos los proyectos a razón no ofrecer respuestas como una totalidad y/o no partir del dogma en el que los marxistas creen (aunque estos tampoco tengan la menor de las influencias en la mayoría de la población), temo que no se podrá llegar a ninguna parte.

A ninguna parte mejor; pues dudo mucho que sea mejor una Cuba regimentada, militar, cerrada, adoctrinada, corrupta y empobrecida, con la única virtud de mantener una retorica socialista, antiestadounidense y nacionalista (aunque en los hechos, desde las reformas de Raúl, se permita el comercio independiente con nombres exóticos y la inversión extranjera; ambos con la necesidad de pagar grandes impuestos al Estado cubano), y dar salud y educación “gratuita”. ¿Es que es imposible tener educación y salud sin sacrificarlo todo, hasta la dignidad? ¿O qué de digno tiene comer caldo de gato y vivir en un edificio abandonado que está por derrumbarse? ¿Cómo los castrista, los que viven hasta de cierta manera privilegiada fuera de Cuba, le pueden decir “gratuito” a la que tienen que soportar y a todo lo que se privan los cubanos como lo es hasta la propia interacción cultural con otros mundos por el viraje político y el autoritarismo de una persona? ¿A quién se le puede olvidar que el apoyo popular que recibió Fidel durante la revolución fue porque prometió un gobierno democrático y no otra dictadura? ¿A quién se le puede olvidar que el apoyo popular a Fidel en la década de los 50's fue por declararse no comunista, por no querer la dictadura del proletariado? ¿A quién se le puede olvidar el rompimiento de uno de los héroes más queridos y populares de la revolución cubana, Camilo Cienfuegos con Fidel, porque éste se declaro comunista posterior a la toma del poder en la década de 1960? Los extranjeros y algunos cubanos podrán olvidar estos detalles a condición de que exista, en algún lugar del mundo, una utopía que les permita seguir soñando, que les permita seguir esperando lo grande y evitando lo pequeño. Pero muy a pesar de que Fidel escribió y rescribió la historia moderna y la historia de la revolución cubana, estos recuerdos de los virajes y de las faltas de palabra en buena parte de la población cubana siguen persistiendo, se siguen transmitiendo de generación en generación.

Personalmente dudo mucho que una Cuba de ese calibre sea mejor que un México con muchos problemas, innegables todos ellos, pero con la capacidad de mencionarlos y de reconocerlos.

A partir de estas líneas ustedes, los lectores, pueden pensar lo que quieran. Aquí, por suerte, cada quien es libre de pensar (o no pensar) lo que quiera. En lo personal, yo sigo tratando de comprender a mis amigos y a mis maestros cubanos. A los pobres, a los utilizados y a los engañados de la historia sin importar sus sistemas o geografías. Son a partir de esos y para esos pequeños fragmentos históricos estas líneas.

Siguiente Más