MetricaSC Oct 20, 2016 - 9:03:33 pm

El Rock y el desierto. Una reseña del Desert Trip por Marta Treviño

El Rock y el desierto.

Una reseña del Desert Trip por Marta Treviño.


El primer día del Desert Trip abrió con la voz de Bob Dylan. Decenas de miles de personas concentradas en el Empire Polo Club, en Indio, California, bailaron y corearon –muchos en bastones- los himnos del “rock n' roll" de los sesentas y setentas. Y sí. Hay razón suficiente para llamarlo "old-chella". Según algunos medios de comunicación, el promedio de edad entre los más de 40,000 asistentes fue de 55 años (por supuesto que entre McCartney y Dylan le agregaron bastante a la media). Y es que un line-up como este es histórico, y tenía todas las posibilidades a su favor para generar una convocatoria sin precedentes.

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Los millennials tuvieron que ceder su lugar a los baby boomers que, como primer generación de rockeros, recrearon los grandes tiempos en que la gente no hablaba de “Coachella," sino nada más y nada menos que de “Woodstock". Estamos hablando de la generación que enfrentó “la invasión británica", lloró en vivo con la separación de los Beatles y esperó, junto a Jagger, que los Rolling Stones gozaran de fama “por al menos dos años".

Bob Dylan fue la decepción del primer fin de semana del Desert Trip. Abriendo el festival y tocando alrededor de una hora -sin interactuar de forma alguna con los asistentes- apareció y desapareció del escenario sin preámbulo o higlight alguno. Mientras las pantallas reproducían imágenes retro cotidianas, el recién nombrado Nobel de literatura abrió con Rainy Day Woman en el piano, y cerró con Masters of War. A pesar de su impecable calidad musical, del contenido de sus letras y del poder de su presencia, la desilusión del público fue generalizada. Lo lamento por quienes hayan ido con la finalidad de verlo como “plato fuerte" del primer fin del semana en el Desert Trip porque no, la respuesta no estuvo en el viento.

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Pero los Stones… Los Stones son otra historia. Energéticos y asombrosos como siempre, aparecieron en el escenario con Start Me Up; cerraron con Jumpin' Jack Flash; y por supuesto, volvieron para interpretar una versión coral de You can't always get what you want, y terminar con (I Can't Get No) Satisfaction. Dato interesante: interpretaron Ride 'Em on Down, cover the Jimmy Reed que no había sido tocado en vivo desde… ¡1962!; Mixed Emotions reapareció también, después del Urban Jungle Tour de 1990. Además, para nosotros los beatlemaniacos, Come Together fue interpretada “a la Rollingstones" por primera vez. El show de luces e imágenes fue definitivamente apreciado por la audiencia aunque, bueno… los “Jagger moves" por sí mismos son suficientes para ambientar cualquier multitud y sentir simpatía hasta por el Diablo.

Al día siguiente, quienes acampamos en los terrenos del Valle Coachella pudimos escuchar a la distancia el soundcheck de Young y McCartney. A pesar del extenuante calor: no. No era un espejismo. La magia se repitió con The Great Gig in the Sky y otras piezas de Pink Floyd, probadas al día siguiente.

La fiesta continuó por la noche del sábado 8 de octubre. Con un público que para algunos se sintió mucho más nutrido, el desierto californiano escuchó a Niel Young and Promise of the Real. El tono psicodélico de la guitarra de Young se apoderó de la noche. Entre luces, videos estrambóticos y el virtuosismo canadiense, el interprete de Rockin' in the Free World bromeó sobre la sospechosa humareda que provenía de la multitud de vez en cuando pues, decía, era poco creíble que el público estuviera haciendo parrilladas. Es más, incluso recomendó a la audiencia volver al día siguiente para ver a Roger (Waters) construir La Pared “and make Mexico great again".

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Paul McCartney apareció una hora después con It is a hard day's night. Su repertorio estuvo protagonizado, principalmente, por música de The Beatles. Y es que él lo dijo: "sabemos lo que le gusta al público. ¿Y saben cómo nos damos cuenta? Cada vez que escuchan algo que les agrada, el terreno se ilumina con sus celulares. Ustedes son como un pequeño universo. Si algo no les gusta, se convierte en un hoyo negro". (Un discurso diametralmente distinto al de Dylan, por cierto, quien declaró que no estaba ahí para entretener a la gente)…OK.

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McCartney tocó –y cantó con su voz octogenaria- alrededor de tres horas. Can't buy me love, Day tripper, My valentine, Band on the run, Balckbird, Lady Madona, entre otros 31 éxitos más, fueron coreados y bailados por miles de cabezas blancas –algunas incluso, cargando sus andadores y tanques de oxígeno (no es broma)-. Homenajeó a Lennon y a Harrison. Ringo Starr no estuvo en su discurso, en lo absoluto, a pesar de los rumores de que su hijo se encontraba entre los escuchas. Invitó a Niel Young a interpretar A day in the life con él, canción que pronto se convirtió en una coreadísima Give peace a chance, y en una Why don't we do it in the Road? muy r&b/blusera, enriquecida con el deslumbrante talento de Young.

A pesar de que pensábamos que habíamos llegado al final de la presentación, el ex beatle se aventó alrededor de otra hora frente al público cerrando con Hey Jude, y ancoriando con su contra-tribunto a los Stones: I wanna be your man (de 1963). La última canción: The end. Fue un concierto impresionante; las ovaciones, ensordecedoras. En mi opinión, la mejor combinación del fin de semana (y miren que yo fui esperanzada de escuchar Like a Rolling Stone en las voces de Dylan y los Stones. Not a chance.)

El último día fue más memorable todavía, si tal cosa es posible. Justo cuando el sol tocó el horizonte, The Who arrancó con todo. La gente no se sentó un minuto mientras escuchaban I Can't explain, Who are you, The kids are alright, 5:15 y muchas, muchas más. Compadecieron, por supuesto, a los estadounidenses con sus próximas elecciones (y ¿quién no lo haría?)

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El highlight del festival, sin lugar a dudas, fue la excelentérrima participación de Roger Waters. Político y polémico como siempre, interpretó los principales éxitos de Pink Floyd durante más de dos horas. Breathe, The great gig in the sky, Money, Us and them, Mother, Wish you were Here, Another brick in the Wall, y otras más. Proyecciones nítidas, deslumbrantes, extrafalarias y tripeadas iluminaban la mega pantalla detrás de él. Por supuesto que el cerdo característico de sus conciertos paseó por los alrededores del Empire Polo Club con la leyenda “Divided we fall" (de Hey you).

No pudo contenerse: tal y como hizo en el concierto de la CDMX, sacó una hoja del bolsillo trasero de su pantalón y leyó el poema “Why cannot the Good Prevail", escrito por él cuando Bush Jr. empezó su segundo mandato. Mientras lo leía, la bandera palestina difuminó la imagen de su rostro, replicado en la pantalla. Después, por supuesto, siguieron las críticas a Trump y su discurso de odio. La frase más celebrada: “TRUMP IS A PIG". Durante Another brick in the Wall, un grupo de niños subió al escenario con playeras negras que decían –en español- “Derriba el muro".

Las coristas de la banda fueron impresionantes. Le dieron un giro maravilloso a Mother, aunque fracasaron con The Great Gig in the Sky. La legendaria Pared permaneció en las pantallas, con sus chimeneas humeando sobre la multitud, y caricaturas de Trump resaltando sobre sus muros. El sonido cuadrafónico más espectacular sobre la tierra y sus alrededores, mantenía al auditorio girando sus cabezas, buscando las sirenas, los helicópteros, el avión, los perros ladrando, la voz murmurante. Fue un concierto sin precedentes que, a pesar de que aparentemente fue muy pesado para algunos, tuvo a los verdaderos fans de puntitas durante horas. Un cierre excelente para tres días excelentes, en el primer fin de semana del Desert Trip.

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Por otro lado, la organización del evento fue bastante satisfactoria. Lidiar con una multitud de más de 40 mil personas sin incidente alguno, no es cosa fácil. Y encima de todo hacerlo por dos fines de semana consecutivos, implica un gran trabajo de logística. Las áreas de acampar fueron aceptables. Las áreas comunes no se quedaban atrás, y el staff, siempre amigable y servicial.

El Desert Trip fue una experiencia sin precedentes y sin segundas partes. Un line-up que difícilmente podrá volverse a ver y una energía que sólo podría replicarse en un festival de altura semejante. Todo el mundo se fue extasiado y, por supuesto, jurando volver, de existir posibilidad. El desierto marcó una página en la historia y, décadas después de hoy, recordaremos dónde estábamos cuando los grandes volvieron a tocar juntos, durante tres días, y viajamos con ellos a través de las grandes épocas del Rock n' Roll.

Marta Treviño.

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