Usuario Feb 1, 2016 - 7:00:00 am

Un paso más en la carrera hacia la justicia: rarámuris participan en modificaciones al Aeropuerto de Creel

La piel curtida por el frío, la mirada imperturbable, los pies ligeros y veloces caracterizan a los rarámuri, que con otras etnias de la Sierra Tarahumara, como los pimas, huarojíos y tepehuanes, han resistido hasta hoy la invasión del hombre blanco y mestizo; además, han obtenido renombre mundial como los mejores corredores del planeta y una de las culturas tribales más admirables y apasionantes.

Es precisamente esta persistencia la que los ha ayudado a sobrevivir el abuso de los chabochi, el despojo de sus tierras y la miseria a la que han sido obligados a vivir, replegados en las zonas más inaccesibles y peligrosas, en los barrancos de la Sierra Madre Occidental.

Hombres y mujeres de esta raza, corren durante horas y días en los barrancos, suben y bajan por las veredas de los montes; pero resulta que su grandiosa fortaleza no sólo es física, sino también espiritual y moral, cualidad que han demostrado durante décadas al pelear por la vía legal el territorio que les corresponde por decreto presidencial.

Hace dos años, en febrero del 2014, las primeras voces de protesta contra la construcción del Aeropuerto de Creel se alzaron públicamente: los habitantes de San Elías de Repechike, demandaron formar parte de las decisiones, la planeación y actividades económicas emprendidas en esta zona, así como recibir una indemnización por los daños que el Gobierno del Estado causó en el territorio del cual los despojó.

En abril del 2014 un juez federal ordenó que se detuviera la obra y en noviembre de ese mismo año se concedió un amparo en el que se contempló la reparación del daño ambiental y material; fue hasta enero del 2016 que el Gobierno de César Duarte comenzó a ejecutar la orden judicial y finalmente, iniciaron los acuerdos con la comunidad rarámuri de San Elías de Repechike.

La construcción del Aeropuerto ha estado suspendida por casi dos años, uno de los cuales se debe precisamente al silencio institucional que el Gobierno del Estado ha guardado respecto a la orden judicial que favorece a la comunidad rarámuri de Bocoyna y continúan en evidencia los verdaderos motivos de que el asunto permanezca inconcluso: la falta de interés.

Pero, ¿qué pidieron los rarámuri de San Elías de Repechike y que el Gobierno del Estado tardó más de un año en atender? Según reportó Patricia Mayorga, periodista corresponsal de Proceso en Chihuahua son: mover la malla ciclónica (en la esquina del extremo occidente) del complejo aeroportuario para permitir el paso de los indígenas a la comunidad de Creel; la construcción de veredas que la misma obra destruyó, reforestación del lugar y finalmente, obras que permitan el acceso al agua potable para consumo humano y para ganado.

Parece que en comparación con la obra del Aeropuerto, cuyo costo total oscila en los 360 millones de pesos y cuya proyección inició desde el 2006 (con César Duarte como diputado federal e impulsor de este proyecto en el Congreso de la Unión), el cumplimiento de la orden judicial no debería ser tan accidentada.

La comunidad rarámuri, de la mano de organizaciones civiles mestizas y la justicia federal, han demostrado que los territorios ancestrales de los habitantes originarios de la Sierra Tarahumara no les serán arrebatados tan fácilmente y si bien, han resistido durante cientos de años la inaccesibilidad a la justicia, los pies ligeros han iniciado una larga y perdurable batalla que sin duda demuestran su valía como cualquier mexicano, como cualquier ciudadano digno de derechos y sujeto a obligaciones.

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