Tzeitel Velo Oct 4, 2017 - 7:42:37 pm

La recreación como instrumento pacificador

A finales del 2011, Jesús Flores Campbell, el entonces encargado del Instituto de Cultura de Baja California, afirmaba para Uniradio Informa que “la cultura y las actividades artísticas fueron ubicadas este año como una de las estrategias para revertir las afectaciones por la violencia", gracias al programa "Cultura en todas partes" y a otra serie de actividades que habían llevado a cabo.

Fuera del ámbito gubernamental, se estableció durante 2013 y 2014 en Tijuana un proyecto de intervención social a través del arte, que estuvo a cargo del festival Entijuanarte tomando en consideración el proyecto piloto de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés). Según indica Sonia Ávila en su nota para Excelsior, “en la colonia fronteriza Diez de Mayo, del polígono Granjas Familiares, y en Camino Verde, en el sur de esta ciudad bajacaliforniana, poca atención se da a las estadísticas del gobierno sobre la criminalidad; el sensor que se atiende es el del habitante en el día a día, y éste señala una disminución en la violencia".

Por su parte, David Figueroa Ortega, en su columna para Proyecto Puente (mayo de 2017), coloca a Tijuana y Medellín como ejemplos de que “el impulso a la cultura previene la violencia y reconstruye el tejido social". En el caso de Tijuana destaca el proyecto “Redes 2025", que utiliza la formación musical para incidir positivamente en niños, niñas y adolescentes que viven en zonas de marginación y pobreza. Por parte de Medellín, Figueroa afirma que luego de que se realizara un plan que incluía 27 escuelas de música, teatros, bibliotecas y programas sociales, la ciudad colombiana se convirtió en referente internacional de ciudad segura.

Sea la cultura promovida por particulares, sociedad civil organizada o gobiernos, tenemos ejemplos objetivos donde gracias a ella los indicadores de calidad de vida han mejorado y los de violencia se han neutralizado. Efectivamente, Tijuana y Medellín nos pusieron el ejemplo de que la apuesta por la cultura es segura. Sin embargo, por mucho que disfrute la idea romántica de que el arte y su promoción son las armas más efectivas en casos de violencia, debemos reconocer que la inseguridad y violencia –como todos los grandes problemas sociales­– son multifactoriales.

Este mes estará lleno de actividades recreativas: podremos disfrutar del Festival Internacional Chihuahua (FICH), el Festival Internacional de la Ciudad de Chihuahua (FICUU), el Festival Strongylus, la Feria del Libro de Chihuahua, por mencionar algunos. Si bien ya tenemos antecedente en Chihuahua de que los meses de más intensa actividad cultural son también los que reportan índices más bajos de violencia, no debemos olvidar que Oktober Creel acaba de cancelarse por “causas de fuerza mayor" (sabemos cuáles son).

Es cierto, la cultura es una gran herramienta para disminuir los efectos de la violencia, pero el tejido social no se generará con discursos ni con un intenso mes de actividad (que, por otra parte, debemos aprovechar), sino con políticas constantes e incluyentes y proveyendo las condiciones necesarias para que seamos un estado seguro. A fin de cuentas, la cultura también precisa de la paz.

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