Tzeitel Velo Sep 27, 2017 - 6:33:41 pm

La utilidad no práctica en caso de desastre

Estudié una carrera dentro de la rama de las humanidades en Chihuahua: estoy muy acostumbrada a comentarios del tipo “¿y eso para qué sirve?". Desde hace tiempo decidí dejar de perorar al respecto, seguir mi camino, hacer lo mío y dejar que las artes y humanidades se defiendan por sí mismas (que de mí nunca han necesitado).

El martes pasado comenzamos a ser testigos –especialmente quienes no vivimos el temblor de 1985– de la solidaridad que puede habitar en las personas. Personal médico trabajando de manera gratuita, rescatistas movilizándose cuando aún muchos no entendíamos la gravedad de la situación, la ciudadanía organizada para apoyar ya fuera en los lugares afectados, en especie o financieramente.

Durante esos días, no pude evitar pensar en la inutilidad. ¿Para qué sirve lo que yo puedo aportar? No tengo habilidades para la vida, en una emergencia no sirvo para nada. Y claro, pensaba en las personas a quienes trataba de frívolas por preguntar la utilidad de lo que aprendo; les di la razón. Luego comencé a ver ilustraciones bellísimas cuya venta estaría destinada a las personas damnificadas por los sismos; conciertos dirigidos a recaudar víveres y dinero; una comunidad artística unida, como hacía mucho no lo estaba, para llevar libros para colorear, cuenta cuentos, personajes, teatro y otras actividades a los albergues donde había niños y niñas.

Otra de las lecciones que nos hemos llevado tras los acontecimientos de la última semana es que, si bien las pérdidas materiales son terribles, también debemos procurar (de verdad) nuestro bienestar emocional y la fortaleza de nuestras relaciones interpersonales. Por primera vez me cuestioné seriamente mis intereses y vocación, pero también por vez primera se llegó a un consenso sin necesidad de palabras: todo lo que podamos aportar con buena voluntad es bienvenido y necesario. No todo es práctico, pero todo es útil. Gracias a quienes nos aleccionaron con hechos.




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