Iván Alarcón Sep 26, 2017 - 11:05:34 pm

Alejandra Pizarnik o la figura de la poeta suicida

Alejandra Pizarnik quizá no lo supo, menos lo vio venir, pero su figura y su poesía influenció por más de cuarenta años a jóvenes poetas no sólo de Argentina, sino de toda América Latina y este 25 de septiembre se cumplieron 45 años de su muerte.

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Pizarnik dejó como legado varias antologías poéticas, mientras que gran parte de su obra se publicó de manera póstuma. Algunas de sus publicaciones fueron La tierra más ajena (1955), Un siglo en tu sombra (1955), Árbol de Diana (1962), La condesa sangrienta (1971), entre otras.

Fue amiga de grandes escritores de la época, entre los que destaca Julio Cortázar, con quien tuvo una extensa comunicación epistolar.

La depresión y sus fantasmas caracterizaron en gran medida su poesía y terminaron siendo la causa de su muerte: un suicidio anunciado. Pizarnik estaba internada en una clínica siquiatra en la ciudad de Buenos Aires, obtuvo un permiso para salir un fin de semana y se quitó la vida al ingerir por lo menos cincuenta pastillas de Seconal. Ya había intentado en dos ocasiones anteriores terminar con su vida.

Alejandra Pizarnik nació en Avellaneda el 29 de abril de 1936 y murió en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1972 a la edad de 36 años.

Para que conozcas un poco de la obra de una de las poetas más destacadas del siglo veinte en Latinoamérica, a continuación te dejamos algunos ejemplos de su obra:


FIESTA EN EL VACÍO

Como el viento sin alas encerrado en mis ojos

es la llamada de la muerte.

Sólo un ángel me enlazará al sol.

Dónde el ángel,

dónde su palabra.

Oh perforar con vino la suave necesidad de ser.

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HIJAS DEL VIENTO

Han venido.

Invaden la sangre.

Huelen a plumas,

a carencia,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.

Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

Pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma

porque no hay nadie.

Tú lloras debajo de tu llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

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TU VOZ

Emboscado en mi escritura

cantas en mi poema.

Rehén de tu dulce voz

petrificada en mi memoria.

Pájaro asido a su fuga.

Aire tatuado por un ausente.

Reloj que late conmigo

para que nunca despierte.

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