Iván Alarcón Ene 4, 2018 - 12:04:08 am

Cinco frases para seguir conmemorando el 50 aniversario de Cien Años de Soledad

Hay lugares extraños, de acontecimientos metafísicos y anécdotas familiares que dan espacio a grandes historias literarias. Por ejemplo, en algún lugar del México surreal y fantasmal se esconde Comala y en algún punto de la selva colombiana donde habitan las mariposas amarillas, se localiza el caluroso y húmedo Macondo con las raíces de un árbol genealógico que arrastra el destino de todos los Aurelianos, hijos ilegítimos de Buendía, hombres marcados en la frente con la cruz del Miércoles de Ceniza.

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Cincuenta años nos separan ya de la primera publicación en Argentina de Cien Años de Soledad, una de las mayores cartas de presentación no sólo de Gabriel García Márquez sino de Latinoamérica a mediados del siglo XX cuando el Boom destruía las fronteras y se expandía por el mundo mostrando nuevas visiones literarias a través del Realismo Mágico y su fascinación por explicar sucesos fantásticos con la mayor naturalidad posible porque al fin y al cabo así sucede en cada pueblo donde el misticismo se mezcla homogéneamente con la realidad.

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Para celebrar la mitad de siglo de Cien Años de Soledad se realizan infinidad de eventos multidisciplinarios en la mayoría de los países hispanohablantes, México no sería la excepción (donde García Márquez habría de escribirla) y, por supuesto, tampoco Chihuahua, siendo la Secretaría de Cultura y el programa Salas de Lectura, en conjunto con el museo Casa Redonda, las organizadoras de muchos de estas celebraciones que se llevarán a cabo del 4 al 25 de enero de 2018.

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Mientras los festejos por el 50 aniversario inician, te dejamos 5 frases que muestran parte de la esencia de Cien Años de Soledad:

“Amparados por la deliciosa impunidad del desorden colectivo, José Arcadio y Pilar vivieron horas de desahogo. Fueron dos novios dichosos entre la muchedumbre, y hasta llegaron a sospechar que el amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas."


“Aun cuando crecieron y la vida los hizo diferentes, Úrsula seguía preguntándose si ellos mismos no habrían cometido un error en algún momento de su intrincado juego de confusiones, y habían quedado cambiados para siempre. Hasta el principio de la adolescencia fueron dos mecanismos sincrónicos."


“–No nos iremos –dijo–. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo.

–Todavía no tenemos un muerto –dijo él–. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra."


“Lo atormentaba la inmensa desolación con que el muerto lo había mirado desde la lluvia, la honda nostalgia con que añoraba a los vivos, la ansiedad con que registraba la casa buscando agua para mojar su tapón de esparto."


“Sólo él sabía entonces que su aturdido corazón estaba condenado para siempre a la incertidumbre."

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