Andrés Levario Jun 20, 2018 - 12:13:24 am

La primera vez que la pegué con la izquierda

Lo vi una vez y salté de la emoción, una vez más; tomé agua y regresé al televisor para  entender lo sucedido en un domingo por la mañana. La selección mexicana le anotaba un grandioso gol a la escuadra alemana en el que se pudo percibir la excelencia del juego y gran determinación. El equipo daba otra cara.

El momento se vió como algo fuera de lo común para la cultura mexicana mientras Juan Carlos Osorio cargaba con la mala suerte que nadie quiere por un 7-0 ante Chile en la Copa América 2016. Los reflectores estaban con el “profe” pues era el único responsable del desempeño de los seleccionados, incluso, se aseguraba que no llegaría a Rusia 2018. Pero la historia de un gol cambió el recorrido. Todo era llegar al interior y conocer el desarrollo de cada jugador mexicano. En un momento de desgracia, el “¡Fuera Osorio ¡” produjo la réplica del entrenador colombiano que estaba obligado a defender su análisis de juego.

“No están contentos cuando ganamos (…) “Debemos ganar y humillar al oponente. No hay ningún país en el mundo que ponga tanta presión sobre el entrenador de su selección”, aseguró.

Pero ante las derrotas y fracasos descubrí algo mejor de los jugadores: su preparación emocional. Así lo muestra Jonathan Mahler en su artículo (¿Por qué los mexicanos no quieren al entrenador de su selección?) para el New York Times. Luego me enteré de Imanol Ibarrondo Garay, el estratega oculto de la selección mexicana que ha sido el piso firme para muchos deportistas. Fue un futbolista destacado en España para luego dedicarse de tiempo completo a la preparación mental y procesos de transformación. Acompaña a Osorio desde 2016 y escribió un libro (La primera vez que la pegué con la izquierda, Editorial Kolima, 2015). Es magnifico de principio a fin. Su título posee una lección oculta. En más de cien hojas Ibarrondo recuerda la sombra del miedo, su vida en las canchas, las amistades del camino, el reto de ejercer el deporte y siete conceptos que vale la pena subrayar: presencia, preguntar, positivar, potenciar, empatizar, procesar y pactar.

El texto toma fuerza tras una historia delicada por parte del autor (“el balón le llegó un poco forzado”): tuvo una operación de corazón cuando apenas era un niño, fractura de fémur y no obtenía buenos resultados con otros clubes hasta dejarlo sin motivos para seguir. Sin embargo, fue más allá de sus pensamientos.

“Esa es la gran confusión, creer que poseemos en nuestra mente cuando, en realidad, la mayor parte del tiempo, es precisamente al revés; es ella la que nos tiene a nosotros y, por lo general, con muy negativas consecuencias para nuestro estado físico y mental”, sostiene.

Pero descubrir que su teoría es tan reveladora, fortifica el testimonio del nuevo comportamiento de los jugadores mexicanos. Si el francés Karim Benzema, después de ganar la Champios League en 2014, declaraba que “ahora confiaba en sí mismo”, y le pudo permitir "transformar su estilo de juego", ¿por qué no podía mostrar lo mismo la selección mexicana? El partido contra Alemania fue el nexo poderoso.

Mientras Juan Carlos Osorio afirme que la mayoría de sus éxitos se deben a Imanol Ibarrondo, y mientras Ibarrondo confiese que Osorio es el responsable y líder indiscutible para la inspiración en cada partido, eso nos imprime el sentido de humildad y fortaleza para ver crecer a los demás.

Tal vez sea necesario volver a nuestra conducta como espectadores y mexicanos, renunciar a lo negativo y contagiarnos de los buenos momentos. Hay magia en la selección, en quienes la conforman; fuerza para soportar la crítica y pasión para darnos momentos de felicidad. No estoy de acuerdo con algunas declaraciones de comentaristas deportivos (como André Marín y David Faitelson), pues garantizan el amargo pensamiento en cada uno de nosotros, pero es el oficio -hasta cierto punto-, del periodismo que ejercen.

Existirán más lecciones de nuestro fútbol a pesar de lo que suceda en los próximos partidos. Es lo que hay.

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