Andrés Levario Dic 3, 2017 - 10:43:09 pm

Monarquía absoluta sexenal

Con el anuncio de la precandidatura única de José Antonio Meade para ser el próximo abanderado del PRI, la teoría del dedazo sigue vigente. La decisión la tiene sólo uno y todos los demás ceden como signo de disciplina afinada, a cambio de un puesto que cubra la deshonra. No hay más.

Pero de qué nos espantamos si Carlos Salinas de Gortari se lo dijo muy claro a Jorge Ramos en una entrevista de 2008. El reportero aseguraba que Salinas puso a Zedillo en la candidatura, luego en la presidencia. “Era una decisión en la cual el presidente de la republica tenía una gran influencia sobre el partido [PRI], pero se hablaba, se negociaba y se consensuaba…”, le respondió. Casi diez años después no cambia nada. Es cuestión de recordar.

A Meade no le discuto su trayectoria, pero debo confesar que ha adoptado rápidamente las prácticas generales que demuestran al PRI de todos los tiempos, y comete un grave error. El partido más viejo de México no cambia pero los tiempos si, y eso le puede afectar considerablemente. Se ha confirmado que está dispuesto a cubrir todo el terror que Peña Nieto dejará al concluir su sexenio. De su camino por Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda a las reglas flojas de quien lo llevará a candidato presidencial, Meade entra en un laberinto que no imagina, pero es parte de la estrategia “de dos o tres” que deciden en la cúpula tricolor.

La gente se cansa, existe odio y los partidos ya no saben a qué recurrir, todo se generalizó a decisiones internas de emergencia electoral.

Daniel Cossio Villegas describía perfectamente el poder autoritario de la época a través de sus textos: “Se trata de una monarquía absoluta sexenal y hereditaria por línea transversal”. Y después el reto permaneció hasta lo que son nuestros días. El problema sigue vigente.

Mientras la mayoría de los electores siguen con la duda profunda de quién es el apto para ocupar la silla presidencial, los objetivos de cada ideología se hacen presentes. Por un lado, el PRI dice cambiar pero ya es todo y nada nuevo, el PAN apuesta por objetivos que alguna vez no supo definir en la cámara: el salario universal. López Obrador habla de la mafia del poder y descentralizar las Secretarías de Estado, incluso amnistía para los criminales con una justa democracia que no se conoce ni en Morena.

¿Cómo van a hacer todo esto? Ahí está el detalle. Se dice mucho para la decisión popular, pero no existe una fórmula ordenada (o no la demuestran adecuadamente), de la justificación para cada propuesta.

Tal vez valga la pena resaltar las palabras que Emmanuel Carrére consuma sobre el presidente francés Emmanuel Macron: “Ha conseguido algo excepcional en la política francesa. Interpretó la crisis de los partidos y lanzó una candidatura en la que muy pocos creían. Es alguien que conocía el poder y el sistema, y al mismo tiempo era un símbolo”. Pero aún así, lo que conocemos en México es el problema de la agresión a periodistas, la violencia a la mujer, la corrupción del gobierno, la impunidad del que roba aun cuando lo exhiben, la delincuencia organizada, los desaparecidos de Ayotzinapa, pero “ya no se vale criticar”, indica Peña Nieto.

Con todo esto el PRI puede ganar; si hay independientes y más de cuatro candidatos, dicho partido se puede quedar con el control político con hasta un 24 por ciento de los votos que se registren en las elecciones de 2018, según datos de encuestas nacionales.

Si no observamos con objetivo claro el nuevo proceso político, realmente el PRI hará que todo permanezca igual, a su modo, a su conveniencia. Pero “caemos de nuevo en el planteamiento personal”, sostiene Meade.


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