Marisela Terrazas Oct 4, 2018 - 11:26:35 pm

El valor de la vida


Hace unas horas un suceso que nos sacudió y que pareciera se convierte en algo común en el estado. El intento de suicidio de un joven estudiante del Colegio de Bachilleres en la Ciudad de Chihuahua, quien se aventó de un edificio de la misma institución educativa. Más allá de lo impactante que implica esta noticia, me parece que lo que tendríamos que analizar es lo que sucede en nuestra comunidad para que un joven tome esta decisión, y cómo es que quienes integramos este entorno no somos capaces de detectar las emociones de quienes están a nuestro alrededor. La causa de los suicidios en jóvenes es multifactorial, no se podría definir de una sola forma y por supuesto, tampoco resolverse por una sola vía; siendo Chihuahua uno de los que ocupa los primeros lugares en este tema a nivel nacional. Pero, cuáles son algunas de las razones para que un joven tomen una decisión así.

En años anteriores, cuando la violencia estaba en sus más altos índices sabíamos que en el futuro todas estos sucesos tendrían consecuencias. Pero en algo tan subjetivo era difícil saber en qué medida y cómo nos impactaría. Ahora podemos deducir que la indolencia al sufrimiento del otro, la normalización de la violencia y el poco interés sobre lo que pasa a nuestro alrededor son parte de las transformaciones que hemos sufrido como sociedad. El valor de la vida tuvo una de sus peores caídas ante tanta crueldad, violencia y muertes. Cuidar la vida humana no fue de las prioridades en las estrategias de combate al narcotráfico, y mucho menos el enseñar a las niñas, niños y jóvenes sobre lo importante que es vivir. Hoy vemos en este tipo de reacciones, que aquella época sí tuvo repercusiones graves.

Además, el cambio generacional es un tema que poco hablamos y que de la misma manera no logramos comprender. La nueva forma en que las y los jóvenes se comunican, la forma en cómo expresan sus emociones e incluso cómo se relacionan ha cambiado completamente. La comunicación de ellas y ellos con el mundo es a través de medios electrónicos, de manera escrita, sin la necesidad de esforzarse en analizar lo que sienten, por medio de símbolos o caritas. El no comprender esta transferencia de emociones hace que la brecha generacional sea cada vez más grande. Por un lado los adultos tratando de asimilar que los jóvenes usan para todo un aparato telefónico, y por el otro, los jóvenes haciendo su mayor esfuerzo por no usarlo y entablar una conversación. Al final, nos damos cuenta que no hemos sabido generar un punto medio donde el objetivo sea comunicarnos y compartir lo que sentimos unos con otros sin importar el método.

Finalmente, la familia juega el papel más importante en esto de darle valor a la vida y en las dos causas que mencioné anteriormente (el contexto y el cambio generacional). La familia es el núcleo que blinda a los jóvenes del contexto violento o adverso que pueda existir. La familia construye puentes de afectividad y confianza a través de la comunicación, aún y cuando las formas ya nos sean las mismas y los cambios generacionales nos invadan. La familia, de la mano de los profesores son quienes tienen la oportunidad de mostrarles a los jóvenes por qué vale la pena vivir, por qué la vida nunca se deprecia aunque existan problemas, tristeza o decepción. El fortalecimiento a la familia es la mejor inversión que los gobiernos pueden desarrollar dentro de sus políticas públicas. Desde ahí, se gesta todo el trabajo de prevención que se necesita en nuestra comunidad: emocional, adicciones, delito, etc. Desde la familia se desarrollan valores afectivos y de sentido humano que son difíciles de adquirir en otros contextos. Desde ahí, se le da valor a la vida y se enseña a darle permanencia.

El lamentable suceso de aquel joven de Bachilleres debe someternos a la reflexión no solamente sobre las políticas públicas que desarrolla el gobierno—que por lo visto nunca serán suficientes—sino también a todo lo que hemos dejado de hacer como integrantes de esta sociedad. A lo indolentes e indiferentes que nos hemos vuelto y a la capacidad de asombro que poco a poco el contexto nos ha hecho perder.

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