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Anaya y Meade | Pascal Beltrán del Río

12 de Octubre de 2017

La primera malasangre que aparece entre aspirantes presidenciales durante el actual proceso electoral involucra a Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

En diversas entrevistas periodísticas, el martes pasado, el jefe nacional panista acusó a un grupo de sus correligionarios de apoyar al secretario de Hacienda, quien, a decir de Anaya, “va a ser el candidato del PRI”.

Según el dirigente del PAN, aquéllos “le quieren hacer la chamba al PRI, y se vale, pero que se vayan a ese partido”. Por eso –me dijo Anaya en una conversación para Imagen Radio– los priistas apoyaron al panista Ernesto Cordero a fin de que llegara a la presidencia del Senado, para que luego él y otros “amigos personales” de Meade respalden a éste en sus intenciones de llegar a Los Pinos.

En casi 30 años de cubrir campañas el único antecedente que recuerdo que pudiera parecerse a lo que le acabo de relatar son los señalamientos de Roberto Madrazo sobre su correligionaria Elba Esther Gordillo de estar trabajando a favor del PAN, partido que entonces estaba en Los Pinos.

Eso fue en 2005, cuando Madrazo, curiosamente, era dirigente del PRI y buscaba convertirse en el candidato presidencial de ese partido. Al año siguiente, Gordillo terminaría expulsada del PRI con base en esa acusación.

Digo que es curioso porque hoy las cosas son al revés: el PRI está en la Presidencia, y es el líder del PAN, de quien dicen que quiere ser candidato presidencial, quien acusa a un prominente miembro de su propio partido –el dos veces secretario de Estado, líder del Senado y exprecandidato presidencial Ernesto Cordero– de ayudar al partido rival. Otra coincidencia es la amenaza de expulsión que pende sobre Cordero y otros conspicuos panistas que se oponen a Anaya.

Uno de ellos es el también senador Javier Lozano, quien ayer armó un revuelo con un tuit.

“Dice Anaya que somos paleros de Meade porque trabajamos juntos el sexenio pasado”, escribió Lozano en su cuenta de esa red social. Y agregó: “En tal caso él también es parte de la banda”.

Junto al tuit publicó una ficha de la Secretaría de Turismo, fechada el 1 de abril de 2011, que daba cuenta del nombramiento de Anaya como subsecretario de Planeación Turística. Es decir, parte del gabinete de Calderón, del que formaban parte Cordero, Lozano y Meade.  

José Antonio Meade y Ricardo Anaya nacieron con casi diez años exactos de diferencia. El primero, el 27 de febrero de 1969. El segundo, el 25 de febrero de 1979.

Los dos se caracterizan por su agilidad en el debate. Ambos tienen un doctorado. Anaya, en ciencias políticas, y Meade, en economía.

Se conocieron hace casi un lustro, cuando Meade era secretario de Relaciones Exteriores y Anaya,  diputado federal. Me cuentan que fue el panista quien pidió la reunión.

Era principios de 2013. Anaya llegó una noche a la sede de la Cancillería, en Avenida Juárez. La charla duró cerca de una hora. Meade le hizo un recorrido por el inmueble. Platicaron mientras caminaban.

Estrella política en ascenso, Anaya se convertiría en presidente de la Mesa Directiva de San Lázaro, en septiembre de 2013. En esa condición, fue anfitrión de Meade durante la comparecencia de éste ante los diputados, con motivo de la glosa del Primer Informe del presidente Enrique Peña Nieto.

Los cercanos de Anaya y Meade describen la relación de ambos como lejana, pero cordial. Se han visto muy contadas veces desde agosto de 2015, cuando el primero dejó de ser diputado federal y el segundo pasó de la Cancillería a la Sedesol.

El último encuentro de ambos fue en la reunión convocada por la revista Líderes, en el Campo Marte, a principios del mes pasado. La fotografía que se publica arriba corresponde a esa ocasión.

La próxima vez –¿quién puede saberlo?– quizá sea en el primer debate entre los candidatos presidenciales.

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