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El “gasolinazo”, el gran negocio de los grupos criminales | Héctor de Mauleón

En julio de 2015, en una operación conjunta entre el Ejército y la SEIDO, fue detenido Sergio Meza Flores, a quien se presentó como “el zar de la ordeña en Tabasco”.

Una pipa que abastecía combustible en una casa particular proporcionó a las autoridades la pista de la principal banda de robo de hidrocarburos en el estado.

El operativo culminó con el decomiso de dos pipas, una cisterna para almacenar gasolina, varias armas largas, un lanzagranadas y varios cartuchos. Fueron encontrados también 44 mil 493 litros de gasolina Magna y 25 mil 235 litros de diésel.

Un informe de Pemex fechado en mayo de ese mismo año indicaba que Sergio Meza Flores, apodado El Sorullo, se encontraba al frente de una banda de al menos 16 personas que extendía sus tentáculos a todo lo largo de la vía Cárdenas-Coatzacoalcos.

La organización, según la paraestatal, operaba con apoyo de ganaderos y líderes sindicales.

De acuerdo con la PGR, El Sorullo estaba vinculado con una ola de asaltos a pipas que durante varios años azotó las carreteras. En los archivos oficiales existía constancia de que el supuesto líder criminal había sido detenido en 2008 por narcomenudeo.

Tres semanas después de su captura, a consecuencia de un proceso mal armado, un juez dejó a El Sorullo en libertad.

El gobierno federal lo sigue considerando, sin embargo, líder de una de las organizaciones de robo y trasiego de combustible más poderosas del sureste.

Una carpeta de investigación revela su organigrama e indica que sus lugartenientes en la operación de robo de hidrocarburos serían Carlos Ramírez, El Cachón, y un sujeto llamado Natividad Ramírez Cano. Entre su grupo de “ordeña” figuran dos individuos avecindados en el municipio de Huimanguillo: El Bombón y La Diabla.

Meza Flores es, para las autoridades, la pieza principal de una estructura dedicada al robo de combustible que a través de su jefe de plaza en Tabasco, Gonzalo Mendoza Gaytán, alias El 90, controla el Cártel Jalisco Nueva Generación.

La asociación de gasolineros de Tabasco denunció hace pocas semanas que en el sureste del país se registra diariamente el robo de al menos una pipa con 20 mil litros de combustible; reveló que las organizaciones criminales dedicadas a la “ordeña” han sido las ganadoras indiscutibles del llamado “gasolinazo”.

En una estación de servicio, 20 mil litros de Magna se pagarían en unos 340 mil pesos. El crimen organizado los ofrece en 170 mil.

La oferta tienta a muchos. En un recorrido efectuado en la zona limítrofe de Chiapas y Tabasco, el columnista constató que a la vera de las carreteras hay decenas de comunidades en las que la venta de combustible robado se ha convertido en la principal actividad económica.

De acuerdo con reportes de ganaderos y empresarios tabasqueños, los grupos criminales tocan a las puertas de ranchos e industrias para ofrecer a sus propietarios pipas de combustible a precio “casi regalado”.

En los últimos cinco años, según la PGR, las autoridades han asegurado en Tabasco más de un millón de litros de hidrocarburo. Los principales decomisos han ocurrido en Cárdenas, Huimanguillo, Centla, Cunduacán y la zona Centro.

Se ha vuelto frecuente la detención de personas que transportan en vehículos particulares combustible de procedencia ilícita (la Agencia de Investigación Criminal detuvo hace poco a un hombre que transportaba 28 mil 500 litros de gasolina). No obstante, las autoridades siguen detectando puntos de “ordeña”. En los últimos años, la PGR ha registrado el descubrimiento de 98 tomas clandestinas en el estado (sólo en Huimanguillo había 52).

Para las autoridades, la violencia que en los últimos meses se ha desatado en el estado se halla relacionada con el control de los ductos: una zona que hasta hace poco tiempo estaba dominada casi de manera exclusiva por Los Zetas —José María Guízar Valencia, el Z-43, y Mauricio Guízar Cárdenas, El Amarillo o el Z-200—, hoy se ha convertido en polo de atracción para el Cártel Jalisco.

Para los grupos criminales, dicen en Tabasco, el “gasolinazo” abrió la puerta de un negocio menos riesgoso que el secuestro y el tráfico de drogas.

@hdemauleon

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