Este contenido fue extraído de www.animalpolitico.com

El riesgo socio-político de la reforma energética | Christian Ehrlich

Por: Christian Ehrlich

Cuando la reforma energética fue aprobada a fines de 2013, las expresiones de júbilo no se hicieron esperar. Por primera vez en prácticamente siete décadas, el sector volvía a abrirse a la participación privada, lo que necesariamente traería –pensaron muchos- un torrente de inversión en proyectos de exploración y explotación de petróleo, por un lado, y de generación, distribución y venta de electricidad por el otro.

Pero la realidad ha sido ciertamente distinta.

México es un país donde persisten prácticas políticas, estructuras económicas e incluso tradiciones sociales que, de no entenderse –y atenderse- bien pueden jugar en contra de cualquier iniciativa que busque –deliberadamente o no- modificar el status quo.

Lo anterior es precisamente la razón por la que una buena cantidad de proyectos que debía traer la reforma energética siguen todavía en la mesa de diseño tanto de gobierno como de empresas privadas o, en el peor de los casos, han sido cancelados definitivamente.

Algunos de estos proyectos ya existían incluso antes de aprobada la reforma, pero tampoco lograron el impulso que, se pensó, ésta les significaría. Tal es el caso del proyecto Mareña Renovables, que busca -¿alguien cree que todavía es viable?- generar electricidad mediante energía eólica en la zona del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca.

Dicho proyecto, ubicado en una de las zonas con mejor calidad de aire en el mundo para infraestructuras eólicas- fue diseñado sin tomar en cuenta la complejidad social y política del entorno, lo que devino en una serie de obstáculos prácticamente insalvables provocando la pérdida de millones de dólares en inversión y, hay que decirlo, incentivando a intereses caciquiles a bloquear proyectos similares tanto en Oaxaca como en otras partes del país.

Al final, no sólo se ha perdido la oportunidad de llevar inversión a una de las zonas más pobres del país, sino que se ha puesto en duda la capacidad real de las instituciones del Estado mexicano de apoyar proyectos socialmente viables y ambientalmente sostenibles, pero que se enfrentan a intereses de líderes informales que no buscan más que el beneficio individual.

Otro proyecto, este sí producto de la reforma energética, es el Gasoducto Morelos. Aunque planteado desde el inicio de esta administración, fue puesto en práctica en los primeros meses de haberse aprobado el paquete legislativo en la materia, y a la fecha no ha dejado de presentar innumerables problemas que han significado un dolor de cabeza para sus desarrolladores.

El problema del Gasoducto Morelos es prácticamente el mismo al que se enfrentan otros proyectos energéticos similares: aunque bien diseñado desde el punto de vista ingenieril y socialmente respetuoso de las comunidades donde habría de construirse, se desarrolló en zonas geográficas donde privan intereses de grupos con carta libre para bloquear, chantajear y boicotear cualquier intento de avanzar con su construcción.

Cuando uno asiste a los foros en materia energética que se realizan con cierta regularidad en el país, es común escuchar –cada vez de manera más abierta- el profundo descontento de empresas que simplemente no pueden hacer realidad sus proyectos aun cuando éstos cumplen con todos los requisitos legales.

La pregunta que está en el aire, como si fuese un “elefante en la sala”, es: ¿de qué sirve una reforma al sector energético en México cuando ésta se asienta sobre terrenos socio-políticos inestables, corruptos y caciquiles?

La respuesta debería estar del lado de las autoridades, pero debe decirse que la autoridad aun no logra encontrar mecanismos efectivos para acompañar la ejecución de los proyectos.

A la fecha, la recomendación es simple más no sencilla: las empresas deben hacerse de toda la información del entorno posible, mapeando riesgos, liderazgos informales, condiciones de seguridad, etc., de tal suerte que puedan prevenir disrupciones a sus operaciones mucho antes de siquiera iniciar operaciones.

La prevención de riesgo entorno es una prerrogativa de la empresa, de nadie más. Entre más pronto lo entiendan quienes desean invertir en el sector energético mexicano, mejor.

* Christian Ehrlich es consultor en Riskop, firma de inteligencia estratégica y control de riesgos.

Siguiente Más