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Golpe de realidad (I) | Yuriria Sierra

07 de Noviembre de 2018

Nadie por encima de 108 mil pesos. Nadie por encima del Presidente de la República. Fue promesa de campaña, hoy es ley decretada por ellos, los de la cuarta transformación. Así lo escribieron en la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, ya publicada en el Diario Oficial de la Federación. Y, ahora sí, venga la austeridad. Con esa idea fue prometida, propuesta y aprobada. La burocracia nacional recibe uno de los mayores golpes de los que habrá sido objeto en años. Los tabuladores se tambalean y, con ellos, la expectativa de vida de miles de personas que optaron y han dedicado su vida al servicio público.

Habrá casos en que, para algunos, justifiquen la nueva política de austeridad, porque, es cierto, muchos hicieron de la burocracia y de los beneficios que se atribuyeron —gracias a tecnicismos legales o cinismo puro, en algunos casos— un modus vivendi en el que se anotaban familiares que jamás movían dedo alguno, pero sí se beneficiaban. Sí, es verdad, el servicio público fue viciado, exprimido, ahorcado y ensuciado con una reputación que, parece, no encuentra quién le reacomode su imagen. Transas, moches, mordidas, paracaidistas, etcétera. Sin embargo, detrás de cada funcionario corrupto habrá diez que se levantan todos los días con las ganas de contribuir a hacer de éste un mejor país. Y a ellos es a quien más pega esta ley.

¿Qué sucederá con quienes hoy se verán obligados a trabajar jornadas de ocho horas por un salario en muchas ocasiones por debajo de sus calificaciones? ¿Qué pensarán con que ya no sólo será de lunes a viernes, sino también el sábado? ¿De qué manera les retribuirán las nuevas políticas laborales si ya está la advertencia de que nadie por encima del Presidente?

¿Ya les notificaron los topes en los salarios? ¿Ya los condenaron a nada de aumentos por tiempo indefinido?

¿Y qué sucederá con las dependencias que prefieren la contratación fuera de nómina, por honorarios, por ejemplo? Talentos de varias áreas optan por esta vía, pues les ofrece sueldos más competitivos. Labores que dentro de los tabuladores burocráticos no llegan ni al 50% de lo que se les ofrece como persona física. Sueldo que se justifica con la calidad de su trabajo. ¿Cómo enfrentará esto la nueva burocracia? ¿Cómo volverá competitivas sus plazas? ¿Cómo garantizará calidad en sus operaciones? ¿Cómo alentará el talento, la creatividad, el profesionalismo y, sobre todo, la vocación de servicio? ¿Cuántos no encontrarán ofertas, casi cualquier oferta en la iniciativa privada, como una más atractiva?

Y, más allá de las respuestas a estas preguntas, también habrá que resolver si el aparato judicial mexicano soporta la posible ola de amparos. Lo describe Roberto Duque: “Lo que sí podría caber son juicios de amparo de funcionarios que crean injusta la reducción de su salario, invocando, entre otras cosas, las subjetivas nociones de “remuneración adecuada” o “retribución justa”, que también refiere la Constitución...”. Amparos para pedir respeto a los salarios... amparos para solicitar permiso de uso de mariguana médica y recreativa. El sistema judicial estará muy ocupado en los próximos meses.

Lo que también debería ser tema es que la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos no es un asunto nuevo, a lo mucho será algo oído en campaña y estandarte de la supuesta austeridad con la que se regirá la próxima administración, pero Duque recuerda que esto se lee en el Art. 27 constitucional, modificado durante el sexenio de Felipe Calderón, y en donde se establece que ningún funcionario podrá percibir un salario mayor al del Presidente de la República. Un tema que quedó en el olvido, pero que fue estratégicamente utilizado en la más reciente campaña electoral, que ya se decretó en el DOF y ahora es la realidad para los burócratas que forman parte del servicio público.

En 25 días inicia el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y llega con un bono democrático que ya se ha ido desgastando en la transición, ¿cuántos golpes de realidad aguantará antes de reconocer o dar señales claras de que mucho de lo prometido no tendrá el efecto anunciado? ¿Cuántas promesas de AMLO se concretarán, pero a manera de golpes de dura realidad para mexicanos que, incluso, fueron sus votantes?

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