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La amistad en la política | Juan José Rodríguez Prats

11 de Mayo de 2017

La amistad es una virtud o va acompañada de virtud,

y, además, es lo más necesario para la vida.

                Aristóteles

Voltaire insistía en que la amistad sólo se podía dar entre hombres virtuosos. Generarla en política es muy complicado. Es un ambiente adverso para generar afectos y existen enormes riesgos para su degradación. Puede degenerar en complicidad, en un círculo cerrado de elogios mutuos, en un solapamiento mutuo de fallas. Es un ámbito en donde se presenta, con la mayor magnitud, la confrontación de vanidades. Preservar entonces buenos amigos en la política es algo que honra y enaltece.

Permítame, amable lector, invitarlo hoy a las seis de la tarde a la presentación de dos libros. Uno, con el que gané hace 28 años un concurso convocado por el gobierno de Veracruz sobre la vida de Adolfo Ruiz Cortines. El otro, denominado Cartas a un joven político, son mis reflexiones de casi 50 años de vida política, con la idea de que puedan servir a las nuevas generaciones para asumir el inmenso reto de superar la problemática que hoy confronta México. El acto será en el Auditorio Octavio Paz del Senado de la República y participarán Agustín Basave, Luis Felipe Bravo y Emilio Chuayffet, moderados por el editor Miguel Ángel Porrúa.

Usted se preguntará por qué este brinco en el artículo. Precisamente porque espero, dada la reacción que he tenido por las invitaciones que he formulado, la presencia de los dos elementos más valiosos que uno puede tener: familia y amigos. Puedo enorgullecerme y honrarme de ser parte de los afectos de estas cuatro personas.

Agustín es un hombre de gran transparencia, vertical y de gran autoestima. Nos hicimos amigos siendo parte de la LV Legislatura. Viví su dolor ante la muerte de su amigo Luis Donaldo Colosio.

Luis Felipe tuvo una actitud que corresponde al hombre de buena fe: concederme el beneficio de la duda cuando yo, al renunciar al PRI, toqué las puertas del PAN. ¿Qué ejemplo nos da el expresidente de mi partido para intentar entendernos a quienes estamos en la vida pública? Partir de ese principio básico: el otro merece un mínimo de confianza.

Emilio y yo hemos sido amigos por 40 años. Nos reuníamos cada 3 de septiembre para celebrar a un gran veracruzano, Arturo Llorente González. Hemos tenido profundas diferencias, por las trincheras en que hemos militado, pero jamás ha habido simulación ni servilismo. Emilio es culto, empeñado en superarse siempre, en su azarosa vida política dio siempre muestra de pundonor y responsabilidad.

Miguel Ángel ha editado varios de mis libros y he contado siempre con su apoyo. Le ha hecho un gran beneficio a la cultura en México, y su atinado criterio para patrocinar distintas obras, habla de su responsabilidad como difusor del pensamiento.

Para que vean ustedes mi orgullo y mi felicidad en este día, el prólogo del segundo libro lo hizo Jesús Silva-Herzog Márquez.

Ahora sí, como dijera mi paisano Andrés Manuel, todo esto no lo tiene ni Obama.

Confío en que durante el acto afloren de los presentadores, políticos de distinto pensamiento, mensajes para identificarnos. Ojalá en lugar de hablar de las muchas fallas que ha tenido y tiene la política mexicana, en lugar de cultivar encono, en lugar de contemplar con morbo los muchos males que padecemos, podamos formular una amplísima invitación a hacer política, a reconciliar a la ciudadanía con la vida civilizada y hacerle sentir a los jóvenes que es un deber involucrarse en la vida pública y que siempre el camino de la dicha es el camino del deber.

Como ustedes verán, perdonando mi falta de humildad, para mí hoy es un día grande. Con mi familia y amistades de toda una vida, espero concluir el día firmando muchos libros con una dedicatoria sencilla de solidaridad y afecto.

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