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La entrevista sicológica de un sicario de Guerreros Unidos (y IV) | Héctor de Mauleón

“Ya estamos aquí y lo que único que queda es cooperar, ora sí que ayudar a las autoridades”, dijo Jonathan Osorio Cortés, El Jona, en el tramo final de la entrevista sicológica a que fue sometido en octubre de 2014, poco después de ser detenido en Apetlanca, Guerrero.

“Siempre he sido de las personas que piensa que seamos responsables de nuestros actos, si cometimos un error hay que pagarlo”, agregó.

El sicario de Guerreros Unidos relató, en una entrevista videograbada, su versión de lo ocurrido en Iguala la noche de 2014 en que desaparecieron 43 estudiantes.

En las últimas tres entregas he dado a conocer por primera vez el contenido de esa larga entrevista. El Jona se explayaba, su interlocutor apenas intervenía. “Ocultarles cosas, no. Yo ya”, dijo.

“Con mi conciencia y como hombre” se ofreció a revelar el sitio donde se hallaban las armas de Guerreros Unidos:

“Vamos al Google y a través del Google les voy a enseñar más o menos en qué área están… Es una huizachera… Son ‘cuernos de chivo’, R-15, G3, parque, cartuchos, fornituras, granadas y capuchas”, ofreció.

—¿Acostumbraban hacer esto de preparar planchas para lo que usted me está contando? —le preguntó su interlocutor (se refería a la plancha en la que, según El Jona, apilaron los cuerpos de los normalistas).

—Pues, a lo que yo tengo entendido, sí. Ya se usaba el basurero como de plancha, donde se “cocinaba” —respondió el sicario.

Osorio Cortés afirmó ante la cámara que un día después de que los normalistas fueron asesinados y quemados en el basurero de Cocula, los sicarios recibieron la orden de quitarse la ropa: “Que nos quitáramos todo lo que teníamos y que se quemaran hasta los tenis para que no quedara nada”.

Dijo que él estuvo halconeando aquel día en Iguala, así que le entregó su ropa a otro miembro de la organización, El Primo: “Le dije: ‘Primo, le encargo, ahí quémela’. Se la di en una bolsa negra, me dijo: ‘Sí, no hay pedo, yo se la quemo, ya está’”.

El Jona relató que esa tarde les dieron dos mil pesos de parte de Gildardo López Astudillo, El Gil (“el mero jefe de nosotros”), y les ordenaron regresar a Cocula.

“Regresamos a la tienda de su suegro de El Terco y ya comenzó con una cerveza, que vengan para acá, que chínguense una chela. Al día siguiente nos dijeron que quemáramos nuestros celulares, que porque los iban a rastrear, que porque ya estaban buscando a los de Ayotzinapa, y que todavía no se sabía si sí eran los chavos que nos habían entregado o en Iguala se había repartido otro grupo”, relató.

De acuerdo con El Jona, los sicarios estuvieron escondidos diez días en Cocula: “Que no saliéramos, que nada, pero que consiguiéramos un teléfono. Para eso, el día que quemamos los teléfonos (El Terco) nos dio tres horas para conseguir un chip y un teléfono, entonces yo, pues ya no había ‘feria’… y pues no hubo celular”, dijo entre risas.

Contó que El Terco le aviso al teléfono de su hermano “que ya no se hiciera ninguna llamada, puro mensaje” y dijo que por esos días “ya nadie se reportaba, ni yo ni él, ya todos ahí, escondidos”.

“De repente —agregó— llegó un mensaje de parte de El Cepillo de que alístense porque me van a entregar las armas y se van a ir a Apetlanca a esconder, porque en Cocula ya se está poniendo cada vez más caliente y se está juntando más gobierno”.

Dijo que él y otros sicarios se escondieron en Apetlanca durante varios días, “en casa del comisario”. Narró que luego llegó El Pelón y les dijo que “la neta la organización ya había chafeado, ya había quebrado, que se jalara cada quién por su lado y que no nos quedáramos ni en Cocula ni en Iguala porque ya la inteligencia andaba buscándonos”.

Los que tenían dinero, dijo, “se chisparon luego luego en las Urvan”.

Él, por su parte, se quedó con El Pato en Apetlanca hasta el día en que aparecieron unos civiles armados con R-15 y les preguntaron sus apodos. “Me dicen Jona”, les dijo.

Cuando El Pato reveló el suyo, los civiles le dijeron: “Ah, Patito, tú eres el premio mayor, tú eres el efectivo, el que estábamos buscando”.

“No me siento orgulloso ni mucho menos”, admitió.

Y concluyó:

“No les voy a ocultar nada. Sé dónde vive la suegra de El Gil, donde viven todos. Ora sí que llegó el momento de cooperar”.

@hdemauleon

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