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La Estafa Maestra, ¿qué lecciones nos deja? | IMCO

Por: Max Kaiser (@MaxKaiser75)

No se trata de un caso aislado, sino de un sistema. Lo terrible de esta situación es que no estamos frente a un gran acto de corrupción, sino de una metodología integral para robar recursos públicos, a través de mecanismos fraudulentos. Todo esto revelado en un gran trabajo de investigación periodística que genera coraje y frustración en la sociedad.

Pero este problema debería ser también una gran oportunidad para aprender sobre el fenómeno de la corrupción y sus causas.

La Estafa Maestra no puede quedarse como una anécdota más de impunidad y frustración. El caso tiene razones y características relativamente sencillas de explicar, y por eso podría generar medidas concretas para evitar su reiteración en el futuro o impedir que se copie el esquema en otros órdenes de gobierno.

Analicemos las causas. Podemos hablar de cinco grandes razones que, combinadas, hicieron posible la corrupción como sistema:

  1. Una mala legislación de contrataciones y obra pública que permiten laxas excepciones como la contratación de universidades por adjudicación directa, en las que cabe cualquier tipo de necesidad del Estado.
  2. Un pobre esquema de control y vigilancia de estos contratos y convenios, el cual asume de manera gratuita e inocente la incorruptibilidad de las instituciones de educación superior.
  3. El rezago y el mal uso de la plataforma electrónica de contrataciones públicas del gobierno (COMPRANET), que dejó de usarse como un sistema transaccional, integral y transparente, y se convirtió en una base de datos poco confiable.
  4. Un pobre y desarticulado registro de empresas que pueden ser contratadas por el Estado mexicano, que permite a dependencias y entidades contratar a personas morales que solo existen en el papel pero que carecen de experiencia o capacidad para hacer lo que se les pide, o que de plano no existen.
  5. Una mala cultura del servicio público que ve los recursos públicos como una extensión del patrimonio privado, que pueden ser usados para beneficio propio.

La combinación de estos cinco factores genera un contexto ideal para robarle al Estado las cantidades inimaginables que reporta este magnífico trabajo de investigación periodística.

En consecuencia, la primera gran lección que nos deja esta revelación es que la corrupción tiene como causa principal la debilidad institucional.

La segunda lección es que la prevención es la mejor inversión que el Estado mexicano podría hacer en este momento. Se trata de pensar en un rediseño institucional que identifique eficazmente riesgos de corrupción en estructuras y procesos clave, para poder atajarlos y administrarlos adecuadamente.

Con esto en mente, propongo cinco medidas que podrían evitar que algo así se repita en el futuro o pretenda ser copiado en otros órdenes de gobierno:

  1. Una revisión integral de la legislación de contrataciones y obra pública para adaptarla a las mejores prácticas internacionales, que promueva la competencia entre empresas íntegras y capaces, reduzca los riesgos del Estado y mejore su capacidad para vigilar y controlar las mejores condiciones en cada contrato.
  2. Una reestructura administrativa y funcional de las autoridades auditoras y fiscalizadoras, que olviden los métodos tradicionales e ineficaces de revisión e incorporen el uso de tecnologías de información a sus procesos de investigación.
  3. El rediseño integral de la plataforma electrónica de contrataciones públicas, que la convierta en una herramienta transaccional, a través de la cual se realicen todas las etapas del ciclo de la contratación pública, y que permita la rastreabilidad, el control, la vigilancia y la eficacia de todos los procedimientos de contratación pública.
  4. Un registro integral de empresas proveedoras del Estado en el que se incorporen todos los elementos esenciales de toda persona moral que pretenda relacionarse formalmente con el gobierno, en el que además se registre puntualmente el grado de cumplimiento de cada contrato público que ha tenido y las sanciones a las que ha sido acreedora.
  5. Una nueva cultura del servicio público en la que no haya actos ilegales que queden impunes, pero también se valore y se premie el ejercicio íntegro de la función púbica.

La combinación integral de estas cinco medidas no son un seguro infalible, pero cualquiera puede concluir que harían mucho más difícil el contexto para que algo así pudiera volver a suceder.

La corrupción, incluso la sistemática como en este caso, no es un mal endémico de la sociedad mexicana o su gobierno, sino una terrible epidemia que padecemos, pero que podemos detener y eventualmente curar, si nos ponemos a trabajar hoy. Esa es la tercera lección.

* Max Kaiser es Director de Anticorrupción del @IMCO.

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