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Los amigos de AMLO | IMCO

Autor: Juan E. Pardinas

Juan E. Pardinas

Juan E. Pardinas @JEPardinas

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Este arroz aún no se ha cocido. Varias elecciones presidenciales en distintos países del mundo se han decidido en las últimas semanas o instantes de las campañas. En España, en las elecciones generales de 2004, el Partido Popular llevaba cerca de ocho meses con una cómoda ventaja en las encuestas. Sin embargo, cuatro días antes de las votaciones, los terribles atentados de Al Qaeda en el sistema de trenes de Madrid generaron un vuelco político que colocó al PSOE en el poder.

En octubre de 2016, 10 días antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el entonces director del FBI James Comey envió una carta al Congreso que cambió el destino político de Occidente. En la misiva se afirmaba que el FBI “conocía la existencia de correos electrónicos relevantes a la investigación” sobre el uso de servidores privados durante el tiempo en que Hillary Clinton fue secretaria de Estado. La carta de Comey desató la vorágine de las redes sociales y de los ciclos de noticias de 24 horas, lo cual difuminó parcialmente la ventaja que tenía Hillary. Nate Silver, un domador de estadísticas y modelos predictivos, calcula que como mínimo la misiva de Comey le costó a Hillary un punto porcentual de preferencias electorales, lo cual volteó los resultados en Michigan, Pennsylvania y Wisconsin, estados que le dieron el triunfo a Donald Trump. En la jerga electoral de Estados Unidos, los eventos que voltean una elección son tan frecuentes que incluso han acuñado un término para definirlos: “las sorpresas de octubre” que cambian la trayectoria de los comicios que ocurren en noviembre. La incertidumbre es un rasgo fundamental de la democracia. Esto implica que entre el plato y la boca, la sopa puede acabar en el mantel.

Sin embargo, las encuestas publicadas hasta el día de hoy en México dan la victoria al candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador. La ventaja de AMLO en los sondeos se puede explicar por muchos factores: el talento comunicacional del personaje, la perseverancia de lanzarse por tercera vez a conquistar la Presidencia y una fiel base de devotos que miran a su prócer con un halo místico de infalibilidad. En el deporte y la política, las victorias no sólo se explican por los aciertos del ganador sino también por los actos y omisiones de sus adversarios. Si AMLO gana el próximo 1o. de julio, tendría que agradecer la contribución de dos aliados involuntarios, pero fundamentales para entender su triunfo: Enrique Peña Nieto y Margarita Zavala.

Todos los atributos personales que pudiera tener José Antonio Meade son opacados por el almanaque de desfiguros que han marcado este sexenio. El éxito de las reformas estructurales ha sido ensombrecido por la indulgencia infinita con los arquitectos del socavón, la Estafa Maestra y el tren chino que nunca se construyó en Querétaro. El enorme problema cultural de este gobierno hace imposible construir una narrativa de cambio que no implique un rompimiento con Peña Nieto. El mayor obstáculo para que Pepe Meade llegue a Los Pinos vive hoy en Los Pinos.

Si les hacemos caso a las encuestas, Margarita Zavala tiene entre el 5 y 8% de la intención del voto. En ese rango puede estar la distancia entre el primer y segundo lugar el próximo 1o. de julio. Se puede inferir que un alto número de los votantes que apoyarán a Margarita eran clientes históricos del PAN. El equipo de campaña de Zavala dirá que si ellos hubieran sido abanderados del blanquiazul otro gallo cantaría. Ese gallo ya sólo existe en la conjugación del pretérito imperfecto del verbo haber. Si AMLO llegara a ganar la elección presidencial deberá de agradecer a los millones de ciudadanos que votaron por él, pero también a la dama y al caballero que les metieron el pie a sus principales adversarios. La política genera alianzas involuntarias y amistades insospechadas.

Publicado por Reforma
11-02-2018

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