Dic 10, 2018 - 10:37:58 am

Los mercados en alerta: vientos anuncian recesión parecida a la de 2008

Pasó otra vez. Wall Street registró su mayor caída semanal desde marzo luego de otra venta masiva el viernes 7 de diciembre, motivada por la preocupación sobre la durabilidad del cese al fuego entre Estados Unidos y China, además de las bajas perspectivas para el crecimiento económico.

Fue la peor semana en mucho tiempo, tomando en cuenta que sólo duró cuatro días, pues el mercado de valores y de bonos de Estados Unidos cerraron el miércoles 5 por la muerte del expresidente George H. W. Bush.

La semana fue mala, en general, para todas las Bolsas. Pero marcó una debilidad especial para las empresas vinculadas con la tecnología, así como con los sectores relacionados a la demanda global. Esto causó que el S&P 500 cayera 4.6%, su mayor descenso desde marzo, y que el Nasdaq también registrara retrocesos.

El impulso bajista generó ansiedad entre inversionistas, sobre todo por atacar niveles técnicos de referencia. Así, el viernes, el FTSE Mundial experimentó lo que en finanzas se llama “cruce de muerte” (death cross), que es cuando el promedio móvil de 50 días del índice cae por debajo de su promedio de 200 días.

El sector de tecnología, fue el de peor desempeño del S&P 500 el viernes pasado. Las principales acciones, como Intel, Microsoft, Cisco e IBM registraron bajas de entre el 3 y el 5%. Apple cerró con una baja del 3.6% después de que Morgan Stanley redujera el precio objetivo de sus acciones, debido a un debilitamiento de las perspectivas para las ventas del nuevo iPhone, que está languideciendo frente al nuevo modelo de Huawei.

Los sectores de consumo discrecional, con una caída acumulada del 2.7%, y el industrial, con 2.6%, fueron los siguientes dos peores lugares. Un giro sustancial en las existencias de petróleo y gas también afectó al sector energético, que terminó con una caída del 0.6% el viernes.

Lo más curioso de todo es que dicho sector comenzó la jornada con fuerza a causa del mayor precio del petróleo, pues había subido más de un 5.0% el jueves después de que la OPEP acordara reducir la producción en 1.2 millones de barriles por día. Sin embargo, los aumentos de precios se redujeron en la tarde del viernes.

Tampoco ayudó el último informe de empleo de Estados Unidos. El dato fue de nuevo sólido, con una baja tasa de desempleo y un crecimiento firme de los salarios, lo que justifica una nueva subida de tasas en la reunión de la Fed de mediados de mes.

Aunque, el ritmo de creación de empleo se enfrió ligeramente, persisten dudas sobre qué tan lejos irá la Fed en el actual ciclo de subidas de tasas, algo que inquieta a los mercados, más en una coyuntura en la que la curva de rendimientos se está invirtiendo, el petróleo se hunde y los inversionistas cada vez se muestran más reticentes a “comprar la caída”.


LOS FACTORES

Aunque las acciones globales inicialmente repuntaron con la idea de que de la Fed actuaría con una mayor moderación en 2019, así como con la tregua comercial entre Estados Unidos y China, el alivio duró poco, y lo hizo por dos razones.

La primera, con la declaración de Donald Trump de que él es “hombre arancelario”, lo que afectó las perspectivas del comercio internacional. La segunda razón tiene que ver con la noticia de que una alta ejecutiva de la compañía de telecomunicaciones china Huawei, e hija del fundador del gigante de las telecomunicaciones, fue arrestada en Canadá luego de una solicitud de extradición de Estados Unidos por violar las sanciones contra Irán.

Esto sólo profundiza la sensación de que las mayores economías del mundo están en desacuerdo, y fue una razón de peso para la caída impresionante observada en los rendimientos de los bonos soberanos globales desde su máximo de hace dos meses. Este problema es global.

China ha liderado el camino de las caídas en los bonos soberanos, seguido por Alemania: los respectivos rendimientos a 10 años se hundieron esta semana a sus niveles más bajos desde marzo y junio de 2017, respectivamente.

Además, la información sobre la inflación es una de las razones por las que es importante asegurar una distensión comercial entre China y Estados Unidos, y por qué algunos inversionistas aún albergan esperanzas de que Beijing eventualmente emprenda alguna acción que rompa el hielo, pues la abrupta caída en los precios del petróleo se produce cuando las economías líderes ingresan en 2019 con una inflación subyacente por debajo de 2%.

Todo pareciera indicar que los mercados de acciones afuera de Estados Unidos son baratos, y en esta coyuntura, hay un gran interrogante sobre si el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón pondrán fin a la era de las tasas de interés negativas.

El dilema del BCE se centrará en la brecha entre los rendimientos del Tesoro a corto y largo plazo. Los inversionistas conocen bien la idea de que una curva de rendimiento invertida es una señal de alerta temprana.

En el pasado ocurrió este fenómeno con una tempranidad de seis a dieciocho meses antes de que la economía entrara en recesión. En el ciclo anterior, la curva de rendimiento de Estados Unidos de 2 a 10 años se invirtió en 2006 y se mantuvo así en gran medida hasta mediados de 2007.

Ahora existe una creciente cautela ante la debilidad de la economía, marcada por una gran cantidad de deuda corporativa, signos de crédito y estrés en el balance general.

La pregunta importante al día de hoy es si los mercados de capital y crédito están ante un huracán, como lo vimos en 2007, cuando el S&P 500 llegó a su punto máximo en octubre de ese año. Esperemos que no se repita, por el bien de todos.


Extraída de Excélsior

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