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Los partidos no han entendido |Leo Zuckerman

25 de Septiembre de 2017

Después del shock, el rescate, la solidaridad y el heroísmo por los sismos del 7 y 19 de septiembre, inevitablemente vendrá la limpieza y reconstrucción de las zonas afectadas. Para que este proceso sea exitoso, se necesitan por lo menos tres factores: consenso político, gobiernos eficaces y participación ciudadana. No quiero ser agorero del desastre, pero me temo que hay problemas en cada uno de estos temas.

Comencemos con el consenso político. Cuando un país tiene un evento de gran peligro para la seguridad de la sociedad —una guerra o desastre natural—, las distintas fuerzas políticas suelen unirse a fin de implementar, en conjunto, un programa de acción. En los regímenes parlamentarios, el gobierno en turno se disuelve para dar paso a uno de unidad nacional en el que participan la mayoría de los partidos. A un lado dejan sus intereses y agendas con el objetivo de darle prioridad a soluciones que permitan superar la emergencia.

En México, estamos lejos de eso. De hecho, estamos viendo exactamente lo contrario. La sociedad está demandando, por ejemplo, algo de sentido común: que los partidos contribuyan a la reconstrucción en los estados afectados entregando parte de los miles de millones de pesos que reciben de financiamiento público. Pero, en lugar de ponerse de acuerdo y salir todos los dirigentes de los partidos, junto con las autoridades electorales, a anunciar un acuerdo, cada uno está diciendo sus ocurrencias. Morena primero propuso la donación del 20% de los recursos de 2018. Luego lo subió al 50%. El Frente del PAN, PRD y MC elevó la barra al 100%. López Obrador, entonces, les tomó la palabra no sin antes insultarlos. El PRI, por su parte, planteó la donación inmediata de recursos de este año criticando, en el camino, a sus adversarios.

Es lo que menos necesitamos, pero se trata de una estampa perfecta del momento actual. Nuestra clase política no puede dejar a un lado sus diferencias ni siquiera después de una emergencia. No hay manera que se unan para resolver la reconstrucción en Oaxaca, Chiapas, Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Ciudad de México. Miles de familias en la calle y ellos, como siempre, peleándose.

Y es que las tres principales fuerzas políticas del país, antes de los terremotos, ya con un ojo en la elección de 2018, habían comenzado a implementar estrategias de polarización porque así les convenía a sus intereses electorales. El PAN le había declarado literalmente la guerra al gobierno y al PRI. López Obrador seguía con aquello de que todos los que no estuvieran con él eran parte de “la mafia del poder”. Los priistas, por su parte, atacaban a Anaya de corrupto y a AMLO de chavista mexicano.

Hoy, para enfrentar con eficacia la reconstrucción por los sismos, se requiere que estos partidos, que se estaban dando con todo, se pongan de acuerdo, salgan juntos y den una imagen de unidad. Requerimos acciones reales y simbólicas de que están dispuestos a dejar a un lado sus divisiones para privilegiar el interés nacional. Pero los tiempos no ayudan nada. Estamos tan cerca del 2018 que una realidad —la de la competencia electoral— jala hacia la división mientras que otra —la de los terremotos— jala hacia la unidad.

Por lo pronto, los partidos siguen en la lógica de la polarización, lo cual es muy peligroso para la clase política en su conjunto. Si de por sí antes de los terremotos había un ambiente antipartidos, incluso antipolítica, eso podría exacerbarse si la ciudadanía percibe insensibilidad de los políticos en estos tiempos apremiantes. La partidocracia tiene que entender que, si no se ponen de acuerdo y salen juntos a dar soluciones, puede ocurrir algo parecido a lo que sucedió en Argentina en 2002, cuando la ciudadanía, fastidiada por la crisis, exigió que se fueran todos.

Un agravante más es la falta de liderazgo. ¿Quién podría convocar y lograr la unión de todos los partidos en este momento? El candidato natural es, por supuesto, nuestro jefe de Estado, es decir, el Presidente. Pero Peña es muy impopular y está a punto de dejar el poder. En este sentido, la oposición no tiene incentivos para aceptar un llamado presidencial que potencialmente fortalecería al gobierno y, por ende, al PRI. Francamente no veo a Anaya, Barrales, Delgado, y mucho menos a López Obrador, accediendo a una invitación de Peña para lograr consenso político a fin de enfrentar la emergencia. En este sentido, creo que el primer factor para tener una reconstrucción exitosa no está presente en la actualidad. Mañana hablaré del segundo: gobiernos eficaces.

                Twitter: @leozuckermann

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