Jun 7, 2018 - 10:47:04 am

Protesta social en la 60 entrega de los premios Ariel

La 60 entrega del Ariel fue un grito por la unidad, contra la injusticia. El premio más grande del cine en México eran decibeles que exigían justicia por los tres estudiantes de cinematografía desaparecidos en marzo en Jalisco.

Las estatuillas llegaban de manos de la actriz transchilena Daniela Vega, de la colombiana Paulina Vega, pero las voces de todos los rincones del Palacio de Bellas Artes.

Un par de puños en alto se veían en la sala cuando tres estudiantes de cinematografía ofrecieron un discurso en el que se pedía el esclarecimiento del secuestro y desaparición de Javier Salomón Aceves, Marco Ávalos y Jesús Daniel Díaz.

Toni Kuhn, cinefotógrafo reconocido con el Ariel de Oro, preguntó en su discurso: “¿cómo contener la violencia?”, y el documentalista Diego Enrique Osorno recordaba que exactamente hace nueve años, en la Guardería ABC, de Sonora, murieron niños durante un incendio y no hubo responsables.

Aquí los mexicanos se hermanaron desde las 20:00 y hasta las 23:00 horas que terminó la gala. De pie se pusieron y un minuto de silencio por las víctimas de la violencia. Lo hicieron las actrices Ludwika Paleta, Irene Azuela, Ilse Salas, Nailea Norvind; los actores Miguel Rodarte; el cineasta Amat Escalante y el presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, Ernesto Contreras.

Muchos de los presentes habían llegado con una banda en el brazo que decía: “no son tres, somos todos”; también había pines en los sacos y vestidos de nominados y acompañantes.

La Región Salvaje (5) y Sueño en otro Idioma (6) fueron las películas con más galardones y a cada discurso de agradecimiento se subrayaban las consignas.

En ese escenario magnífico se recordó que hace 50 años, las cosas no eran muy distintas. La banda Gran Sur, junto a Saúl Hernández, Juan Manuel Torreblanca y Meme tocaron “Antes de que Nos Olviden”, en honor a los estudiantes asesinados hace 50 años en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Incluso La Libertad del Diablo, retrato en primera persona a víctimas y victimarios, se reconoció como Mejor Largometraje Documental.

Hasta Daniela Vega, quien vio a su productor -Juan de Dios Larraín- levantar el Ariel a Mejor Película Iberoamericana por Una Mujer Fantástica, lo dijo: “ante la violencia, ante la falta de amor, rebeldía y más amor”.

Pero esto también se trataba de amor, de reconocimiento, y Queta Lavat recibió el Ariel de Oro para enaltecer el trabajo histriónica, ese cine mexicano que ayer, aunque brumoso por la injusticia, estaba de fiesta.

Y sí, el Ariel de Oro a Mejor Película para Sueño en Otro Idioma pareció dar la solución. Sobre el escenario del Palacio de Bellas Artes, el director y presidente de la AMACC, Ernesto Contreras, recordó que su cinta, en la que los dos últimos hablantes de una lengua se pelean, podría ser un ejemplo. Dijo entonces que en México hay múltiples lenguas en las que se puede decir “te quiero”, “gracias”.


Extraída de Life and Style 

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