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Por qué sufrimos con el suicidio de Hannah si desde el principio sabemos que está muerta | Vanity Fair

Abr 18, 2017 - 7:32:42 pm

En la penúltima secuencia de la serie de Netflix Por trece razones, los espectadores ven finalmente a Hannah cometer suicidio en una bañera. Es un momento osado por lo que representa dentro del contexto del suicidio adolescente, pero sobre todo es cruel por lo mucho que se ha compartido del viaje de Hannah hasta ese instante. Y eso que el recorrido, dilatado en 13 episodios, está lejos de profundizar en su personaje o de ahondar en sus intereses y talentos. Aun así, es increíblemente devastador ver cómo se extingue su llama.

Que Hannah se quita la vida es precisamente la premisa de Por trece razones. También, los siete casetes con 13 lados grabados que deja tras de sí su personaje explicando en off por qué y por quiénes ha decidido cortarse las venas. Son los protagonistas de cada una de las grabaciones que reciben las cintas en una caja los que deben entonces pasarla al siguiente en la lista de reproducción conforme terminen de escuchar el regalo de despedida de la joven.

Por esa razón, Por trece razones basa su naturaleza bingewatcheable en la idea de saber por qué Hannah se ha quitado la vida y qué papel ha jugado Clay, el protagonista que actúa como enlace entre espectadores y Hannah tras recibir el paquete con las cintas, en esa decisión. Es un whodounit, o quién-lo-ha-hecho, sobre los porqués de un suicidio. A su manera, un planteamiento que juega como un oxímoron dada la complejidad del asunto que trata.

Al fin y al cabo, el suicidio va mucho más allá que de razones concretas y de ahí que estén justificadas muchas de las críticas negativas a la serie por no haber tratado con caro los problemas mentales de Hannah. Pero es una premisa que también ayuda a que se remarquen mejor muchos de los problemas de los adolescentes inmersos en la cruel mitología teen norteamericana.

Porque las bases de la experiencia de Hannah tienen su relevancia y son de sobra conocidas: el bullying, su versión cibernética, la objetivación, la incomprensión y la ignorancia adulta o, directamente, el menosprecio. No es difícil encontrar a espectadores que arremeten contra el sobredramatismo de Hannah por exagerar sus conflictos emocionales. Tampoco a algún personaje que lo proclama durante la serie o que se enorgullece de no haber escuchado todas las cintas. Pero esa habilidad por trivializar las penurias de Hannah, por muy diminutas que sean desde un punto de vista externo, refiere de hecho a lo que la serie critica en varios de sus capítulos —la misoginia.

Con Hannah en el centro de la historia, gran parte de los dramas de Por trece razones giran en torno al sufrimiento habitual de las jóvenes. La rape culture [cultura de la violación, en español] está muy arraigada en el universo de la serie, sobre todo en los capítulos finales, como a su vez lo están la falta de consideración ante el sufrimiento de Hannah por parte de alumnos o profesores o la objetivación y persecución de compañeros a la hora de coronar a las bellas, burlar a las feas y condenar a las zorras.

La mayor virtud de Por trece razones es que juega como un whodounit en el que no importa tanto la necesidad de poner solución a los interrogantes del suicidio de Hannah, de buscar venganza o de qué habrá hecho Clay para protagonizar una de las cintas, sino la de hacer frente emocionalmente a la injusticia. Es conocido que Hannah está muerta y son las pinceladas de sus motivos superficiales —y los porqués más psicológicamente complejos que flotan en cada uno de los 13 asaltos— las que subrayan los injustos pilares culturales que pueden hacer un infierno de la vida de alguien tan inocente como Hannah.

Mientras documentales, series y podcasts true crime que giraban en torno a la muerte como Making a Murderer, The Night Of o Serial ponían énfasis en los dramas del sistema judicial estadounidense, Por trece razones hace lo propio con el sistema social que premia los éxitos como cazadores de ellos y degrada las derrotas como presas de ellas. Claro que no debe olvidarse que su motor narrativo peca de embellecer el suicidio al ofrecer una posibilidad redentora, vengativa y cool de quitarse la vida, por mucho que la serie se esfuerce en dejar pequeños recados con los que ocultar sus fugas. Tampoco, que Hannah y Clay son personajes que lidian con problemas mentales que Por trece razones pasa de puntillas. Y por descontado, que Hannah es un personaje superficial que logra marcar la casilla más necesaria de la serie, crear empatía con los espectadores, casi exclusivamente a través de la actriz que le pone cara: Katherine Langford.

Sin Langford, la serie dejaría de atajar con tanta efectividad los problemas culturales que representa porque los espectadores desconectarían de las dificultades de la protagonista. Es la creación de empatía la que conseguía que los espectadores absorbieran el sufrimiento de Steven Avery en Making a Murderer, de Nazir Khan en The Night Of o de Adnan Syed en Serial lejos de la ira que despertaban los misterios de sus casos en los juzgados. Ellos, en todo caso, disfrutaban de mayor complejidad bien porque fascinaba la incertidumbre de saber quiénes eran porque existen en el mundo real, bien porque sus historias estaban muy bien escritas.

Con Hannah hay menos de contexto de personaje, pero más de injusticia social y cultural. Y el hecho de que Clay y los espectadores escuchen las cintas con tal sensación de impotencia es lo que hace al final que Por trece razones sea un golpetazo tan bestia contra las emociones. Y no sólo porque ya no se pueda hacer nada por devolverle la vida a Hannah, que es la parte más dolorosa para Clay, sino porque además es bastante probable que otras adolescentes en el futuro sufran lo que ella. Que se llegue al suicidio es menos importante porque la serie está lejos de ahondar tanto en tan complejísima incógnita. Lo que cuesta es aceptar que como sociedad todavía tenemos mucho que mejorar para que universos tan opresivos y destructivos como el de Hannah dejen de existir algún día.


Este contenido fue extraído de Vanity Fair

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