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#RenunciaYa | Viridiana Ríos

04 de Septiembre de 2016

“Motivos sobran”, dice el cartel que está en las redes sociales convocando a la marcha #RenunciaYa. Hay tantos motivos, sólo en esta semana. Hay un plagio evidente que EPN minimizó como “error metodológico”. Hay una coartación directa y llanamente obvia a la libertad de crítica mediante un informe presidencial que eliminó toda posibilidad de cuestionamiento. Hay una visita atropellada de Trump planeada al interior de un gabinete dividido, sin liderazgos claros y sin el tacto social suficiente para dilucidar las implicaciones que ello tendría para el ánimo público.

Pedir la renuncia, sin embargo, me parece incompleto, poco ambicioso. Éste es un momento de catarsis social con una sociedad civil más activa que nunca. Puede lograrse más. La renuncia de Peña, en el caso hipotético y extremadamente improbable de que procediera, sólo llevaría al poder a Osorio Chong como presidente interino y dejaría en manos de un Congreso controlado por el PRI-PVEM la selección del siguiente candidato. No veo que ganemos mucho con ello.

Más que pedir la renuncia y asumir que quien llegue será mejor porque tendrá este antecedente, éste es momento para articular una propuesta constructiva, ambiciosa y creativa que pueda ser puesta en marcha por quien quiera que esté en el poder. Vayamos más allá de sólo pedir que se vayan. Exijamos qué queremos de los que se queden. Que se vayan resuelve poco si quienes llegan son miembros de la misma clase política.

El #RenunciaYa no debe ser la búsqueda sedienta de cabezas, sino la movilización astuta para crear una plataforma de exigencias ciudadanas claras y contundentes que dicten las prioridades de esta administración y de la que llegue en 2018.

Los errores de la administración actual son reflejo de los cambios que urge implementar:

1.- Atacar la corrupción. Urgen resultados tangibles y contundentes que le muestren a la ciudadanía que la impunidad se terminó. El que los escándalos tiendan a detonarse con mayor fuerza en redes sociales muestra que para lograrlo no sólo será necesario terminar de implementar y dotar de recursos al Sistema Nacional Anticorrupción, sino urgentemente replantear la forma en la que empoderaremos a los ciudadanos y a la prensa. La prensa debe ser crítica y libre. Los gobernadores de los estados no pueden continuar siendo virreyes intocables.

2.- Diversificar la economía. Si la visita de Trump se orquestó (como argumentan algunos medios internacionales) para evitar que la percepción sobre un potencial conflicto entre México y Estados Unidos ocasionara inestabilidad macroeconómica en nuestro país, lo que necesitamos es replantear los fundamentos de esa estabilidad. No podemos continuar asumiendo que la economía mexicana debe depender de Estados Unidos. Es urgente diversificar nuestros mercados y evitar la dependencia que tiene nuestro crecimiento económico de unas cuantas industrias (automotriz, manufacturera y aeroespacial). El único antídoto contra Trump es lograr que Estados Unidos nos importe menos, es tener más socios comerciales.

3.- Ampliar los servicios públicos. El descontento social surge de una clase media que paga muchos impuestos y no recibe servicios públicos. México gasta más que el promedio de los países de la OCDE en educación y tiene los peores resultados en términos de calidad educativa. La clase media paga por la educación pública con sus impuestos y por la educación privada de sus hijos. El gobierno debe gastar más y mejor, creando una base recaudatoria más amplia y progresiva. La inversión pública no debe sufrir recortes, los programas sociales deben dejar de darse en forma fracturada para que puedan ser más efectivos.

Salgamos a las calles. Sí. Pero salgamos con exigencias, más que con puro enojo. Seamos mucho más ambiciosos.

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