Abr 23, 2018 - 10:30:00 am

TLCAN, urgencia, flexibilidad y tiempos políticos

Días atrás se anunció que no habrá más rondas generales entre los equipos negociadores del TLCAN de Canadá, Estados Unidos y México. Como se nos ha dicho, no implica detener el proceso, sino evitar la necesidad de grandes reuniones físicas para dar cabida a los negociadores y asesores en prácticamente las treinta mesas temáticas.

Sin duda, esto sorprende porque sabemos hay puntos aún delicados no sólo en lo político, sino en la parte técnica: la famosa clausula cada cinco años para revisar-terminar súbitamente el acuerdo o llamada “sunset clause”, las reglas de origen (en donde predomina el tema automotriz, aunque hay otras que se vinculan también a textiles y confección, por ejemplo), barreras técnicas a comercio, la temporalidad para exportar productos perecederos de México a Estados Unidos y, lo referente a mecanismos de solución de controversias, entre otros. Aunque ahora se asoma por parte de Estados Unidos de que no le va bien con el tipo de cambio del dólar frente al peso mexicano y pide cooperación cambiaria aparentando desconocer que estamos bajo un régimen de oferta y demanda.

Por esa razón ya no habrá una octava ni novena ni décima ronda. Ahora se pretende avanzar de manera remota usando plataformas de comunicación vía audio llamadas y video conferencias y, en caso de requerirse algún encuentro por la sensibilidad o relevancia del tema, se procedería entonces a una reunión entre negociadores.

Lo que llama la atención es que los representantes del gobierno mexicano siempre dijeron que los tiempos políticos no iban a estar por delante de la dinámica negociadora y ahora la consigna es llegar a una convergencia de posiciones y por eso se anunció que puede alcanzarse un “acuerdo en principio”, a tal grado que el negociador en jefe de nuestro país mencionó que había una altísima probabilidad de concluir el tratado trilateral en la primera semana del próximo mes de mayo… y ahora se dice que antes del 30 de abril.

¿Acaso eso no es jugar con los tiempos políticos, aunque el argumento que se nos da es en el sentido de que ahora la presión es en Estados Unidos para que haya flexibilidad en el Congreso norteamericano por aprobar lo negociado aprovechando la mayoría republicana? ¿Y el escenario de las elecciones en México ya no es la preocupación principal?… allá se dice es por el escenario electoral mexicano y aquí se señala al contexto electoral estadounidense: ambos, temas políticos y no económicos.

Se quiere minimizar el hecho que, si no llegamos al 1 de julio con un acuerdo, ratificado por el Senado mexicano previamente al 1 de septiembre (antes de la nueva Legislatura) y del 1 de diciembre con el nuevo gobierno, pues entonces lo acordado puede políticamente estar en riesgo. Allá y aquí estamos obedeciendo a calendarios legislativos y procesos electorales, no a lineamientos económico-comerciales.


Extraída de Forbes

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