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Trump, Kim Jong-un, el Klan y el TLCAN | Pascal Beltrán del Río

16 de Agosto de 2017

No sé cuántos simpatizantes tenga Donald Trump en México. Sospecho que muy pocos.

Alguna vez vi una encuesta que recogía la popularidad del hoy Presidente de Estados Unidos en diferentes países del mundo. En México tenía un apoyo de apenas ocho por ciento. Y aún eso me parece mucho.

Se puede decir, sin temor a la equivocación, que Trump ha cosechado en México lo que ha sembrado. Lanzó su campaña electoral con un ataque a los migrantes mexicanos y eso se tradujo de inmediato en repudio casi generalizado.

Alguna vez escribí que Trump produjo en México un consenso como no existe respecto de ningún otro personaje o tema.

Y ese consenso sigue. Al punto de que alguien creyó que era una buena broma grabar un video en el que celebra su cumpleaños apuñalando una piñata con la imagen del Presidente de un país vecino donde viven millones de mexicanos. Luego, lo subió a las redes sociales y, claro, nadie le dijo nada –e incluso se lo celebraron–, pero, claro, se trata de Trump.

Pero no sólo en México sufre la popularidad del narcisista habitante de la Casa Blanca. En su propio país tiene el apoyo más bajo que haya tenido cualquier Presidente de Estados Unidos a estas alturas de su mandato (37.4% al día de ayer, según FiveThirtyEight).

Su caída más reciente tiene que ver con la conducción de la crisis de Corea del Norte y sus declaraciones sobre el enfrentamiento de grupos racistas –entre ellos el Ku Klux Klan– y manifestantes antirracistas del pasado fin de semana en Charlottesville, Virginia.

Contra la lógica política imperante, Trump no ha podido granjear apoyo popular por el enfrentamiento con el líder norcoreano Kim Jong-un. Lejos de cerrar filas con su Presidente ante las amenazas norcoreanas contra la isla de Guam, la mayoría de los estadunidenses desaprueba la manera en que Trump ha manejado la situación, en la que destaca su amenaza de responder con “fuego y furia” a las provocaciones nucleares del país asiático.

Unos días después de dejar atónito al mundo con esa frase, Trump volvió a tropezarse con su lengua cuando dijo que el enfrentamiento en Charlottesville había sido por excesos de “muchos bandos”, cuando el peor momento fue la agresión a un grupo de manifestantes por parte de un radical de ultraderecha que les lanzó el auto encima, matando a una persona. Eso le valió una nueva andanada en los medios y la renuncia de empresarios al panel asesor de la Casa Blanca.

Aunque burlarse de Trump en México se ha vuelto un deporte, el desplome de la popularidad del Presidente estadunidense quizá no sea una buena noticia para México.

Los hechos descritos arriba han contribuido a acorralar a Trump ante la opinión pública de su país en momentos en que arranca la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

No olvidemos que si ese acuerdo se está revisando actualmente es porque Trump hizo de su repudio una pieza central de su campaña por la Casa Blanca.

Si bien es cierto que el tono que han construido los equipos negociadores de México y Estados Unidos es positivo, también lo es que un Trump necesitado de reconocimiento puede ser una espada de Damocles sobre la mesa de conversaciones que comienzan hoy en Washington.

Habría que estar preparados para un endurecimiento de la postura estadunidense. Por ejemplo, una mayor insistencia de que el resultado de la renegociación atienda la exigencia de Trump de disminuir el déficit comercial de su país frente a sus socios.

Sería absurdo, desde el punto de vista económico, convertir esa demanda en el motivo principal de las pláticas, pero Trump está urgido de una historia de éxito que haga contrapeso a los muchos sinsabores de su Presidencia.

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