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Un riesgo de la 4T | Carlos Puig

Gracias la revista Nexos, pude conocer la semana pasada a personajes que de muchas maneras participaron en los gobiernos que hace algunos años llegaron al poder en América del Sur con aspiraciones de una transformación profunda desde la izquierda.Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Chile… eso que se llama la década progresista. Todos tuvieron diferentes resultados, hoy en algunos de esos países gobierna la derecha y en casos como el brasileño el péndulo se ha corrido hasta el extremo. Y qué decir de Venezuela.Acertadamente, la portada de Nexos de este mes, que reúne sus textos, dice ¿Qué (no) hacer?Todos tienen algunas lecciones para nuestro nuevo gobierno, con las muchas diferencias entre países y con México, por supuesto. Pero creo todas atendibles.Rescato hoy del texto de Alberto Fernández, quien fuera jefe de gabinete del gobierno argentino de 2003 a 2008. ¿Qué pasó en Argentina en aquellos años?Después de un buen primer periodo “Cristina (Fernández de Kirchner) salió airosa en las elecciones que la habilitaron para un segundo mandato. Obtuvo el 54% de los sufragios y sacó una diferencia de 40 puntos porcentuales sobre el segundo candidato más votado.Tamaño resultado (absolutamente inusual para la política argentina) insufló al gobierno electo un aire de autosuficiencia que rápidamente se transformó en rasgos de prepotencia. “Vamos por todo”, dijo Cristina y Argentina empezó a preocuparse.“De ahí en más se agudizó el proceso, la ideología dominó absolutamente la gestión y toda voz crítica fue sometida a todo tipo de desprestigio. En estos años, Cristina profundizó su lógica de ejercer la política a partir de la confrontación. Y aunque a nadie escapa que la política es en esencia representación de intereses, y que muchas veces estos entran en contradicción, es muy difícil administrar la política cuando con cada decisión se enciende una controversia que siempre divide a la sociedad entre ‘buenos’ y ‘malos’”.Por la misma actitud, me dice, se relajó la gestión económica y la suma de “una economía díscola y la permanente confrontación con distintos actores políticos, sociales y económicos, acabaron por restarle la confianza inicial que había logrado del electorado”.Pues sí.

@puigcarlos


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